Tenemos derecho a la fantasía y la imaginación.

Utilizar los dispositivos móviles y electrónicos que hoy están al alcance y que son parte de la cotidianidad de la vida e inmiscuirnos en la dinámica de las redes sociales y las plataformas, así como la interacción virtual demanda una conciencia y un acto meditativo del momento presente para impedir que este modelo de vida nos robe porciones de vida del mundo real, que tenemos de forma inmediata en este momento con nuestro entorno y hasta la gente que nos rodea.

Y es que hay estudios muy serios en el plano científico desde la psicología y el estudio de los modelos complejos y de los sistemas complejos y en el ecosistema de la sociología y la antropología contemporáneas en vínculo con los análisis económicos y filosóficos modernos que sugieren que existe una saturación mental de información y de contenido a la que el ser humano promedio está proclive todo el tiempo y a todas horas y todos los días, que le ha hecho perder capacidad de inmiscuirse en el momento presente y de defenderse en el desarrollo de un diálogo oral al natural y de una interacción de vida al natural por fuera de la utilización de algún dispositivo o de la inmersión en un universo digital o virtual.

Hoy, ya no solamente hablamos de una inmersión permanente en este universo digital o virtual sino de una conducta obsesiva de necesidad constante de estar pegado al teléfono todo el tiempo o a los dispositivos.

Y a partir de la idea anterior surge la necesidad de plantear si es que este modelo de vida está robando la capacidad incluso de imaginar y fantasear cosas muy básicas, que por lo menos le den un sentido a la vida, y que hoy al prácticamente tener ocupada la mente todo el tiempo no es posible llevarlo a cabo.

Si nos damos cuenta y revisamos un poco la forma de vivir del pasado nuestros abuelos crecieron fantaseando e imaginando todo el tiempo, porque no existían tantos estímulos que cooperaran su atención y tenían mucho tiempo para imaginar y fantasear y ensoñar, y por lo menos construir imágenes mentales al margen de que se pudieran cumplir o no en el plano tangible de la vida real y concreta.

Quizás por eso la creatividad y la genuinidad y la inventiva del pasado y las habilidades mentales de antes eran más consagradas y más interesantes y más propositivas y más contestatarias y más reivindicativas que las que, en lo general, se puede ver hoy.

Víctor Manuel Del Real Muñoz.

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