El desarrollo tecnológico aceleró la venta de todo, literal, de todo.

Uno de los aspectos más significativos de la era tecnológica y virtual y digital que vivimos en el mundo moderno es el hecho de que hoy se pueden comercializar muchos aspectos que antes formaban parte del devenir cotidiano del ser humano y que hoy pueden ser vistos como meros producto de mercado.

Uno de los rubros que forman parte de la comercialización por medios digitales y virtuales y tecnológicos actuales es la creación de contenido, que si lo volvemos un universo individual o aparte, tiene muchas derivaciones y un abanico muy amplio de aspectos que lo forman, y por ende, una gran riqueza de aristas para poderse cotizar en un mercado con una oferta y una demanda específicas.

Hoy en día la industria de las plataformas y las redes sociales segmenta, por un lado, la creación de contenido con aspectos de estelaridad y de contenido especial, y por otro lado, lo clasifica como un contenido no tan especial o no tan peculiar que pudiera confluir en los anaqueles del mercado digital como un contenido libre o de acceso gratuito o de gratuidad para acceder, y a partir de ahí, todo aquello que una persona pueda decir y sugerir y apuntar y señalar, en aras de contribuir a un mero intercambio humano de conocimientos o de sabiduría, hoy puede cotizarse alto, como cualquier producto, de acuerdo a una estrategia de mercadeo y venta.

Hoy es más evidente como las ideas y las reflexiones, en aras de calibrarse como algo especial y genuino e inédito, de cara a una posible contribución humana, hoy pueda ser visto como quien escoge un paquete de pan en una gaveta de un supermercado dentro de un abanico de diferentes tipos de pan y sabores de pan.

Esto, puede entenderse, como que lo que anteriormente, o bien, en otro momento de la historia de la humanidad significaba la posibilidad de ampliar la riqueza y el bagaje intelectual del ser humano y compartir el conocimiento de forma colectiva con la única intención de contribuir a la riqueza de la experiencia de vida de los seres humanos en general y el crecimiento de su cultura en general, pero esto mismo hoy puede apilarse como una mercancía más con un precio especial de mercado, en donde todo rasgo genuino pierde significación honesta, porque hoy lo que se persigue es una población objetivo que compre contenido, y que además lo necesite como parte del catálogo de necesidades que el sistema económico incentiva en las sociedades del mundo a demandar de forma permanente.

Es menester decir que hoy, como cualquier mercancía que forma parte del catálogo de necesidades indispensables de la sociedad, el contenido en sus diversas presentaciones en medios virtuales y digitales y de redes sociales forma parte de las necesidades más inmediatas que tienen muchas personas en el mundo a través de sus teléfonos y sus dispositivos de uso cotidiano.

A partir de aquí, surgen otras improntas, donde todo aquello que por redes sociales y medios digitales se comunique a través de la comunicación o de las acciones o de la mímica o de la interpretación o del intercambio comunicativo, en aras de ponderarse en función de la utilidad hacia la sociedad o en función de la significación cultural o del avance intelectual, hoy se tenga que calibrar con un sistema de precios y una dinámica de éxito o fracaso en términos de mercado.

La metáfora y la máxima son simples de ver: ¿Tu producto de contenido vende? ¿Si o no?

Otra industria, por decirlo así, que crece considerablemente como parte de las estrategias de mercado de las redes digitales y de las plataformas de redes sociales, es toda aquella que comprende el abanico tan amplio de posibilidades para tejer relaciones humanas, tanto en el plano libre como en el amistoso y el sexual y hasta el laboral, y que está por cumplir casi 20 años por ser parte de un modelo de interacción que forma parte ya de la historia de la cultura humana.

En ese sentido observamos como las diversas plataformas y empresas de redes sociales y medios digitales, y que, ojo, mucho ojo, muchas de ellas fungen como empresas multinacionales, pues hoy en día tienen diversos criterios de segmentación que son muy parecidos a los estándares de Mercado, que parten de una escala desde lo que la mayoría puede acceder a través de la gratuidad hasta lo que una minoría puede acceder a través del pago por un precio específico, de acuerdo a una serie de beneficios que como cualquier producto de Mercado se manipula y se vende al potencial consumidor.

Estamos en una época donde el avance tecnológico puede vender el simple hecho de comunicarse con otra persona o lo puede volver digno de la compra de una mercancía para poderlo hacer posible con mas cosas por usar, esto es, mas necesidades, pero también estamos en una época donde se pueden vender ciertas acciones o ciertos contenidos orales específicos o ciertas mejoras o adhesiones, que pueden tener una cotización de mercado, y que en la apariencia del fetiche el consumidor vea que está teniendo una experiencia de interacción más completa.

¿Cuántos canales de YouTube existen en donde se venden contenidos como charlas y conferencias y mesas y diálogos que antes eran simplemente eventos anecdóticos en donde se contribuía sin un condicionamiento económico alguno a la colaboración honesta para hacer crecer el conocimiento y la riqueza cultural del ser humano, o bien, forjar el compartimiento de una cierta información que pudiera tener una cierta utilidad para la sociedad?

Y es que uno de los aspectos medulares y funcionales del capitalismo es poder vender todo aquello que sea susceptible de poderse vender, por más torpe que parezca este argumento, y hoy, de ser posible, hasta la posibilidad de comercializar una coma o un punto y aparte es probable que todos los medios digitales y las redes sociales busquen llevarlo a cabo.

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz.

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