CRONICAS NO MARCIANAS. La reflexión en San Cristóbal de las Casas

Por momentos, muchos pensamientos aparecen cuando vas regresando de gira. Forman un cumulo de emociones, algunas recientes y otras no tanto. Así, vengo yo, con el calor del autobús, después del tráfico para salir de la ciudad, cargando guitarra, maleta, lleno de piquetes en las piernas, sin rasurar y ojeras detrás de mis lentes obscuros. Normalmente, a esta hora hay poca gente en el transporte, por eso, vengo en un asiento doble, pero sin acompañante, solo con mis pensamientos y recuerdos.

Debe de haber, al menos, unos 17 lugares disponibles en el autobús. Hace una parada, y veo una señora algo grande que se coloca al lado mío. Con todo mi equipaje amontonado me arrimo a la orilla. Una vez que se sienta, veo que es una mujer pequeña, delgada y con su teléfono a la mano. Volteo hacia la ventanilla para continuar con lo que recordaba en ese momento de los días vividos en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. No pasan más de unos cuantos segundos, cuando la mujer, después de concretar su llamada empieza a discutir por teléfono. Al parecer, con algún familiar cercano, durante unos cuantos minutos. Cuelga y mantiene su teléfono en las manos, cuando de repente, la veo insistentemente voltear a verme para volver a hacer una llamada.

  • Oiga, disculpe, ¿sabe cómo pedir una ambulancia? – Me pregunta con cara de preocupación.

Volteo a verla, ahora yo, contagiado un poco de su estado de ánimo y le contesto

  • Puede llamar al 911, ahí seguro la pueden apoyar.

Con una cara de necesito ayuda me vuelve a decir

  • ¿Me podría decir cómo?, es que no sé. Parece que, si no estoy en la casa, estos no pueden hacer nada. Mi hijo anda sangrando. Aunque ya no iba a tomar, me salí, se puso a tomar y ya se lastimó.

Tomé su teléfono y marqué al 911. En cuanto contestaron, le pasé el teléfono. Dio los datos de donde se necesitaba la ambulancia y, explicó, parte del problema, al cual no puse mucha atención. Después de unos minutos colgó. Me siguió contando sobre lo que pasó en su casa y me agradeció por el apoyo. A los pocos minutos, bajó del autobús despidiéndose de mí y seguí mi camino.

A mis recuerdos sobre Chiapas, se sumó uno mas, que paso unos días atrás.

El fin de semana anterior, habíamos ido Rocío, Txato y yo a Toluca. Una carne asada que nos invitaron, acompañada de pulque, helado naturista y una tarde de buena charla y esparcimiento necesario para los tres. Ese domingo estuvo muy bien, salvo que el regreso para la ciudad fue complicado. Nos dejaron en la terminal de autobuses ya en la noche, pero nos dimos cuenta que el transporte para nuestro destino, ya no estaba disponible. Así que tuvimos que movernos a la terminal del tren para regresar; incluso, llegando ahí, nos equivocamos de entrada y tuvimos que cruzar la avenida para ir al lugar correcto.

Pero todo pasa por algo.

Llegando a la taquilla, ellos dos, se formaron para comprar los boletos para abordar el tren. Me quedé atrás con las mochilas que llevábamos. Cuando veo que, de la fila de la taquilla, sale un hombre joven, cargando unas maletas grandes y acercándose a mí, y en un mal español, me dice:

  • ¿Te podría dar dinero por teléfono para que me compres mi boleto?

Entendí que quería hacerme una transferencia. A lo cual, obvio, como primera reacción, fue de desconfianza, pero sacó su teléfono y me pidió mi número de cuenta. Después de unos minutos, vimos que sería imposible. Balbuceando en una mezcla de portugués y español, decía, que necesitaba llegar al aeropuerto. Sacó su pasaporte y billetes de su país de origen, pidiendo que si le comprábamos su boleto. Al ver la situación, nosotros tres, recordamos individualmente lo que es estar en un país extranjero. Solo nos llegó la empatía: Roció sacó dinero y compró un boleto más, para él. Los cuatro abordamos el tren. Fue un trayecto de casi una hora, veníamos platicando. Nos comentó que llegó de Brasil a un concurso de parrilladas. Venía con todos sus utensilios de cocina y, nos narró como su equipo ganó el segundo lugar. Una platica agradable hasta llegar a nuestro destino. Afuera del tren, esperamos a que tomara su Uber y nosotros el nuestro; nos agradeció infinitamente entre abrazos y demás. Ahí nos separamos.

No hay coincidencias, uno está donde debe estar. A veces no lo entendemos, pensamos que el propósito de estar en algún lugar, de hacer algo, de vivir o convivir con las demás personas solo es para algún fin egoísta y para nuestro beneficio, lo cual no siempre es así. Entenderlo es a veces complicado. Lo que de nuevo me remonta a San Cristóbal de las Casas.

En Chiapas, empezó nuestra gira este año. El viaje fue terrible y cansado. Llega un momento en que después de levantarte temprano, el ensayo del día anterior, Uber, aviones con conexión, autobús, camionetas y caminar cargando instrumentos, todo en un solo día, lo último que quieres, es tener un mal día o mal comer; incluso, hasta uno se cuestiona si debe seguir con ese ritmo de vida que es agotador, muchas veces. Llegamos al hostal en San Cristóbal y ahí nos hospedamos varios días. Como buen hostal y más en esa locación, había una buena cantidad de extranjeros como es habitual.

En uno de esos días, regresábamos Txato y yo de desayunar y subimos a la terraza del hostal. Ahí, en unas sillas, nos sentamos al contraste del aire frio con el ardiente sol a pasar el tiempo. Al cabo de unos minutos, se unieron un italiano, un canadiense y una francesa, a hacer compañía. Fumando, tomando unas cervezas, surgió la plática con la mujer francesa. He de aclarar, que por extraño que parezca, se asemejaba a una reunión de pura generación X entre los que estábamos ahí.

Haciendo una pequeña pausa sobre esto, recuerdo que la mamá de mi amiga Montserrat ( ambas descansen en paz), en un cumpleaños de ella, se acercó a mí,  en ese acento de España y, siendo la ultima vez que vi a la señora con vida, me dijo, que una de las cosas más importantes que debía tener en cuenta en mi vida, debía ser el convertirme en un ciudadano no mexicano, sino un ciudadano del mundo; lo cual, irónicamente ha sido verdad, ya que mi vida ha estado rodeada de muchísimos extranjeros en su mayor parte queridos y amigos.

La francesa comenzó a platicar conmigo en su no tan buen español, lo cual, para hacer la plática mas fluida y por respeto a los presentes, cambié de hablar en español a inglés. Cosa que ayudó mucho a quedarnos platicando de todo un poco, los motivos de nuestros viajes, los lugares que habíamos conocido; evidentemente, la vida de adulto, la percepción política mundial, etc. Una platica de adultos profunda de varios aspectos.

No considero ser una persona que hable mucho introspectivamente sobre mis ideas o cosas personales, pero en determinado momento con las preguntas correctas y en el momento adecuado. me suelto a expresarme, y una de las preguntas de la francesa fue: ¿Cómo manejas a tu edad el vivir solo y no volverte loco?

La respuesta en general no es complicada, lo pensé por un momento, pero me di cuenta que lo complicado era la parte emocional que destapaba al contestarla, así que contesté:

  • He descubierto que, a través de los años, lo que mantiene mi sanidad mental es la disciplina. Cuando estoy en casa tengo mis rutinas diarias. Hago mis quehaceres en la mañana, cocino y como. En la tarde, todos los días, toco música y, para darme un descanso, me pongo a escribir,  en algunos días, en otros,  por las noches, antes de cenar y dormir. Hago ejercicio y así.  Todos los días, sea navidad, mi cumpleaños, un domingo o miércoles, es lo mismo; y claro, cuando tengo que salir a la ciudad, pues aprovecho para ver a mis amigos, hacer lo que no puedo y me queda lejos, pero me imagino que tu pregunta va mas enfocada en como enfrento mis demonios y a mí mismo ¿No? – a lo cual ella asiente con la cabeza y continuo, notando que los 3 me veían muy profundamente . . .
  • En un principio, cuando era muy joven, ya sea por cultura, educación o el momento que vivía, el ideal era vivir y hacer una familia. El sueño americano como dirían muchos, casa, esposa, hijos, jardín, perro y gato, trabajar en una empresa, sábados y domingos libres y ver futbol o, algo así, ¿no? Eso es lo que nos enseñaron que era una vida ideal, pero en mi caso no ha sido así, la vida ha tenido muchos cambios. Tienes un plan de vida y, el tiempo hace que eso cambie o que veas el cambio en las mismas personas. Tienes que reinventarte muchas veces, quizás, varias veces al año, cambiar hábitos y entender al mundo. En mi vida, la música me ayuda a estar en paz conmigo, y cuando no es suficiente entra la cocina, y cuando ninguna de las dos es suficiente, entra el cine y la literatura, y ya por último, la carpintería, pero siempre busco algo, no se si sea correcto, pero así me funciona.

El canadiense, había estado callado todo este tiempo y solo asentía, pero su mirada era directa y seria durante este día de platica, por fin decidió a hablar, diciendo:

  • Toda mi vida, durante mas de 30 años trabajé en una compañía en mi país, yendo a la oficina cada día, hasta el día que me jubilé. Cuando por fin lo hice, por mucho tiempo, no supe que hacer. Me di cuenta que me sentía perdido, no supe cuál era mi propósito en ese momento. Durante años, pensé que el hacer eso era la forma correcta de sentirme vivo, y entonces decidí viajar. En ese momento, al llegar a México, comencé un proyecto de comprar un terreno cerca de la playa y construir una casa, pero después de que lo hice, no supe que más hacer. Ahorita que estoy aquí en Chiapas, tomando un café mientras te escucho, me doy cuenta que la vida es mas sencilla de lo que he creído. Llevas una vida que muchos quisiéramos tener, sales a tocar, escribes, cocinas, estas bien solo y tu vida tiene sentido, entonces ¿qué debería de hacer yo?

No negaré que aquella confesión me dejo helado y sorprendido. Nunca pensé escuchar algo así, quizás, sea porque nunca estamos conformes con lo que hacemos, no porque yo sea el ejemplo a seguir, simplemente que vemos el pasto mas verde en el jardín del vecino. Titubeé un poco antes de contestar, hasta que respondí:

  • Sin ser nadie en este mundo y solo hablando de mi experiencia, creo que lo mejor que te puedo recomendar, es que hagas lo que te llena. Explores dentro de ti las cosas que te hacen sentir bien y que, a esta edad, seas feliz; ya cumpliste con un ciclo en tu vida de producir, de lograr llegar a esta edad y es tiempo de dedicártelo a ti mismo. Hacer que tu vida tenga una relevancia en lo que te quede de tiempo. El arte para mi ha sido un gran escape, una forma de ser yo mismo y sentirme satisfecho; desde tocar para mi en mi casa, solo o para las personas, dejarles algo que los ayude a estar bien. Aprende a conocerte a ti mismo, a hacer lo que nunca te atreviste por miedo o por falta de tiempo, solo se feliz.

La mujer francesa lo volteo a ver con una sonrisa y le tomó la mano. El canadiense solo se quedó observándome, y podría jurar que su mirada reflejaba un pensamiento muy profundo de lo que le había dicho. En ese instante, decidí pararme y dejarlos un momento, no había mas que decir. Me despedí y solo agradecieron con una sonrisa genuina por la plática. Me levanté y salí solo a la calle a meditar lo que había pasado.

Con todo lo anterior, siento que estamos donde tenemos que estar, así sea con la mujer de la ambulancia, el brasileño en el tren o estas personas en el hostal. Reafirmo que, lo que hacemos en la vida no siempre es para un crecimiento personal como lo imaginamos. Sí, esta platica me ayuda a darme cuenta que lo que hacemos, asi sean unas simples palabras dichas o escritas, repercuten en la vida de los demás. Es una fortuna para mí, saber que, quizás, no siempre con canciones cambiamos la vida de los demás, pero sí, la música en todos los casos me ha llevado indirectamente a hacerlo. Creo, por otra parte, que lo que decía la mamá de Montserrat, de ser un ciudadano del mundo, cobra mas sentido en este momento, no por la relación con el extranjero, si no por una mentalidad global como ser humano. Las giras y los conciertos no solo son aplausos, fotos y menos levantarnos el ego, va mucho más allá de eso, lo que está oculto a simple vista y conviene tomar como enseñanza para nosotros mismos. Aun así, ya en este momento de encuentro conmigo mismo y en la soledad, sigo pensando también, en que parte de mi corazón se encuentra en Inglaterra en estos momentos . . .

Suena de fondo You´re beautiful de James Blunt .

Josh Nébula

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Mexicano de nacimiento, musico profesional con más de 30 años de carrera, con estudios en el INBAL, Conaculta y Fonoteca Nacional. Principalmente involucrado en el rock original con varios discos grabados, también ha hecho participaciones en música par teatro, comerciales, cortometrajes y educación musical infantil. Cuenta, además, con estudios a nivel amateur en cine, tanto particulares como en el CENART. Apasionado cinéfilo y fanático de la gastronomía

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