No se olviden que el contenido es un producto de mercado más

Una de las actitudes colectivas más presentes en la dinámica moderna es el envilecimiento y el vaivén emocional, esto es, los cambios actitudinales y la sensibilidad y el sentimiento psicológico con el que los consumidores de contenido y los seres humanos que se dedican a escroliar todo el tiempo en redes sociales se asumen dentro de estas dinámicas.

Es de llamar la atención que, hoy en día, es más atractivo depositar un sentimiento real que proviene del alma o del enojo o del rencor político en las líneas escritas de una red social a partir de un retweet que en la praxis misma de la movilización política, la expresión de la vida real a nivel de la calle y la interacción de vida al natural.

Es como que el careo cara a cara con las personas es menos importante que el careo virtual.

Y a veces llama la atención que muchas personas toman como parámetro de sentimiento original a todos aquellos contenidos vertidos en plataformas, en redes sociales y en mensajes web, que pudieran ser descriptivos de un contenido político y de un mensaje cultural y de una tendencia colectiva pero que no dejan de ser eso: un contenido, que hoy es posible vender.

Y es que hoy, el contenido, no solo se puede ver como una idea desarrollada o como un cúmulo de mensajes escritos, sino que se tiene que ver, de forma 100% obligada, como un valor agregado comercial que se cotiza en un mercado, si, el mercado llamado era de la información.

Hoy, desde un hashtag con letras hasta una expresión compuesta de una oración simple y otra compuesta como nos enseñan en clases de español y de gramática puede ser un negocio causal de dividendos mercantiles muy lucrativos.

Y a veces esa bronca, esa derrama de adrenalina y esa bilis esparcida por el hígado que un simple mensaje en el espacio web o en una red social o en una plataforma nos genera desde el hueco interior más profundo de nuestro corazón nos impide ver que se trata, al mismo tiempo, de un negocio y de un producto como cualquier otro presente en un aparador de mercado.

Y también, a veces la confianza que le delegamos a los creadores de contenido en el tiempo moderno nos impide ver en ellos unos agentes de venta y unos personajes que están lucrando con la creación de estos contenidos, mercado, mercado y más mercado a final de cuentas.

Mientras usted deposita plena confianza en la persona que le está vendiendo a usted un contenido, seguramente esa persona está cobrando algún dividendo o algo por el estilo.

La pretensión de este texto no es causar en usted un complejo de culpa o un infortunio por consumir contenidos, en absoluto, es simplemente hacerle ver que se trata de un producto más y de una de las mercancías comercialmente más cotizadas en la actualidad, y que por ende, si usted sufre por ello asistir a comentarle que no vale mucho la pena.

Víctor Manuel Del Real Muñoz

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Ciudad de México. Economista por la ESE del IPN. Maestro en ciencias en metodología de la ciencia por el IPN. Analista libre crítico de contextos coyunturales y deportivos. Correo: vdelrealm1990@gmail.com

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