Transcurría el año 2022, cuando en una institución que tiene mi profundo aprecio y mi profundo cariño, y que hoy ante la falta de sensibilidad gubernamental está cerrado, pero que es un lugar mágico por su estirpe de libertad llamado Faro de Oriente, en el Oriente de la Ciudad de México, en la alcaldía de Iztapalapa dentro de una clase hermosa de baile y música africana con la profesora Gladys, ella mencionaba lo siguiente: «Quien controla su respiración controla su vida»
Y es que en tiempos modernos donde la rigidez y el estímulo cambiante y el formato corto de interacción y de desenvolvimiento de la cultura y del entorno laboral y cotidiano de las masas, la prisa y la ansiedad y la máxima volatilidad y motricidad son valores constantes y permanentes de la vida, algo que relaje un poco es necesario.
Pareciera que los tiempos modernos son reductos de máximo alcance en donde la vida se vuelve un criterio de ponderación productiva por encima del mero sentido de vivir.
Y uno de los aspectos fundamentales que pasan desapercibidos para los seres humanos es la respiración consciente o la respiración profunda, que provee de una sensación fresca de aire a los pulmones y de una tranquilidad parcial con un sentido de relajación emocional y con una interpretación mental de frescura y de calma.
Tomarse un tiempo para acarrearse de una respiración profunda de menos de cinco segundos no solo es una oportunidad de oro para palpar el vacío de la nada que rodea nuestro entorno y nuestra integridad corporal sino también para darle un descanso a la mente de todas las ideas de proyección y de recuerdo que invaden y atosigan el cerebro y hacerle centrarse, aunque sea por un momento, en el instante presente.
La respiración fresca permite un momento de desasosiego mental y un momento de absoluta liberación con el simple entrar de un aire fresco que ventila los rincones tullidos y tensos de las mentes mayoritariamente ansiosas que se desenvuelven por el mundo.
Se trata además de un protocolo de descanso natural que no requiere otra cosa más que un mínimo esfuerzo de tomar aire en un rango de tres segundos, sin la necesidad de precisar de otra cosa o de otro esfuerzo o de algún implemento material para proveerse de manera natural de un pedacito de bienestar.
Tomar aire en un momento convulso y en un momento de estrés o ansiedad permite decidir caminos o tomar acciones y decisiones estratégicas con mayor sobriedad mental o por lo menos proveerse de una calma necesaria para no caer en un desequilibrio en momentos convulsos.
Respirar permite disminuir la velocidad en que se desenvuelve la comunicación y el diálogo y en que se desenvuelve la interacción humana impidiendo que el descontrol y la dispersión se vuelvan criterios incómodos e insanos que en un momento determinado perturben la correcta armonía de un entorno colectivo.
Además, al hacer deporte, la respiración fresca y consciente permite tomar un poco de energía ausente para dar un esfuerzo necesario extraordinario a nivel de un sprint o de una movilidad explosiva o de un aspecto de aplicación de fuerza, en donde se requiere entregar un óptimo resultado o un ranking o un puntaje o una anotación específica para conseguir algo como un triunfo o cosas así.
Hay quienes sostienen, desde el deporte, que la correcta respiración es una de las alianzas más sofisticadas para conquistar ese aspecto supuestamente necesario, pero al mismo tiempo efímero que se conoce como el éxito y que traducido al deporte lo podemos nombrar como el éxito deportivo, tan solo porque la mente toma mejores decisiones y pausas al mismo tiempo que son necesarias para llevar a cabo las acciones más correctas o mejor desenvueltas o intentar tender a ello por lo menos.
En conclusión, la respiración, tan desapercibida por la mayoría de las masas humanas, pero tan necesaria para la supervivencia al 100% es uno de los elementos culturalmente hablando más desatendidos y poco apreciados, pero que pueden fungir como uno de los aliados de vida sin duda alguna más estratégicos y necesarios.
Por Víctor Manuel Del Real Muñoz



