Algunos esperaban sobre la banqueta, otros permanecían cerca de la entrada y se asomaban tímidamente al interior de la iglesia de “Santa Catarina Virgen y Mártir”. Su labor los había llevado a una construcción cercana cuando se enteraron de que habían retirado a Santa María Egipciaca de su nicho.
¡Queremos ver a la momia!, dijo al fin uno de los albañiles a un empleado del INAH, él sonrió y cortó un pedazo pequeño del embalaje cerca del rostro de la santa.
En ese momento, también llegaron algunos feligreses de la colonia a preguntar por los detalles de la travesía de la escultura, que ha escuchado a miles de penitentes durante varios siglos en el barrio de la Lagunilla, en el centro de la Ciudad de México, en una de las iglesias más embrujadas de la zona, o por lo menos, eso cuenta la gente.
La importancia de la imagen llevó a los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a realizar un proyecto interinstitucional y multidisciplinario para restaurar la escultura de la Santa María Egipciaca, quien, de acuerdo a la hagiografía, dejó atrás la lujuria para internarse en el desierto a modo de penitencia.
La santa tiene muchas vertientes para estudiar desde las disciplinas antropológicas y el arte. Para empezar, su relevancia estética radica en que se trata de una escultura de talla exquisita y realismo impactante, datada en el siglo XVI y traída a la Nueva España desde Italia. La detallada manufactura de la imagen, sumado a los dientes naturales que posee, han llevado a sus feligreses a asegurar que se trata de la momia de la misma santa que vivió alrededor del 300 D.C.
Por otro lado, valdría la pena estudiar desde las ciencias antropológicas a quienes conforman la mayor parte de la feligresía: las sexo servidoras, quienes probablemente se identifican con la historia de la santa, quien ejerció la prostitución, aunque el grueso de su vida lo dedicó a la expiación, hasta alcanzar la bienaventuranza en el desierto.
No es casualidad que la santa haya purgado sus pecados en este lugar inhóspito, ya que el desierto evoca la historia del mismo Jesucristo, quien fue llevado al desierto donde ayunó 40 días y enfrentó tres tentaciones del diablo. Asimismo, para algunas culturas, el desierto simboliza el aislamiento o las consecuencias de las acciones.
Hasta el momento, la escultura de madera continúa bajo el resguardo de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH para realizarle diversos estudios y restauraciones que incluyen tareas de limpieza, reajuste de elementos, consolidación y reintegración cromática, entre otros procesos especializados.
Tiana Levary
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Estudió periodismo y después etnohistoria, también cuenta con un posgrado en Educación. Lo que más le gusta en la vida es escribir cuentos y uno que otro poema, también quiere escribir pronto una novela. Ama los temas fantásticos y sobrenaturales, la historia, la lluvia y los chocolates.
Bibliografía




