En la República mexicana contamos con una rica diversidad de culturas y pueblos indígenas que poseen diversas tradiciones y cosmovisiones.
Uno de los universos simbólicos más interesantes es el de los wixárikas o wixáritari (también llamados huicholes por gente externa a su comunidad); para ellos existen cinco lugares sagrados habitados por dioses: Wirikuta, donde se encuentra el Cerro Quemado, el cual representa el lugar de la vida del amanecer o Reunari; aquí -cuentan sus mitos- es donde por primera vez salió el sol. Como contraparte está Haramara (lugar de la diosa del mar), que es el otro extremo de su universo simbólico; geográficamente se ubica en el actual puerto de San Blas en la costa de Nayarit, este lugar representa la puerta hacia el inframundo, la morada de los muertos. El Norte es denominado Haxa Manaka, se ubica en el “Cerro Gordo”, en el estado de Durango; los wixáritari lo conciben como el “joven de la madera flotante”. Al sur, en la Isla de los Alacranes del Lago Chapala, Jalisco, habita Xapawiyemeta, mientras que en este mismo estado, se ubica el centro de este cosmos: Teakata, en Santa Catarina.
Siguiendo el discurso mítico de José Sánchez -artista huichol que realizó el mural del sistema de transporte colectivo de Guadalajara, los antepasados de los wixárikas concentraron sus fuerzas cuando decidieron desaparecer en las entrañas de la tierra. Esto ocurrió en el inframundo, en el mundo primordial.
Asimismo, fue en la laguna de Chapala, donde los antepasados se subieron a un cerro elevado y formaron una laguna a sus pies, entonces la laguna se tornó en sangre y se precipito un diluvio que duró cinco años; mientras en el inframundo estaba inundado, los antepasados se perdieron debajo de la tierra, después emergieron a la superficie del mundo nuevo, el nuestro, el de en medio; en la tierra santa de Wirikuta.
Para los wixárikas, Kauyumari es el más poderoso espíritu ancestral, porque reúne en su alma la de todos los antepasados unidos, es él quien los nutre y sostiene con la fuerza de sus espíritus aliados; Tatewuari es el abuelo el fuego, quién sostiene la vida, Paritsika es el amanecer, y Tawewiekame es el padre sol. Kauyumari, Tatewuari, y Tawewiekame y Paritsika se tornaron en cuatro serpientes, cada uno de estos dioses se transformó en una vena de agua, que abrió un camino hacia la superficie de la tierra. Después de cinco años, los espíritus divinos convertidos en serpientes escarbaron canales en la roca con sus lenguas, entonces, emergieron en la tierra santa de Wirikuta simbolizada por cinco biznagas de peyote, cactus sagrado.
En cada peregrinación a Wirikuta los huicholes reproducen las acciones que hicieron previamente sus dioses. Actualmente se continúan representando tres procesiones religiosas, en donde este territorio sagrado ocupa un lugar central: la peregrinación mítica de los dioses, la peregrinación ritual de los adultos, y la peregrinación simbólica e imaginaria de los niños que se efectúa en la fiesta de los primeros frutos.
Tiana Levary
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Estudió periodismo y después etnohistoria, también cuenta con un posgrado en Educación. Lo que más le gusta en la vida es escribir cuentos y uno que otro poema, también quiere escribir pronto una novela. Ama los temas fantásticos y sobrenaturales, la historia, la lluvia y los chocolates.




