En la actualidad hay diversos temas de interés, más allá de los que podríamos llamar superficiales, por ejemplo, la inteligencia artificial, los mercados financieros, las guerras en el Medio Oriente, o los aranceles que quiere imponer a medio mundo el vecino del norte; sin embargo, hay uno que debería preocuparnos más de lo que imaginamos, ya que sus efectos son tangibles, el deterioro progresivo y, si no actuamos con consciencia, lo viviremos en el mediano plazo. Me refiero al cambio climático.
Como es costumbre, antes de desarrollar el aspecto artístico, me gustaría introducirlos brevemente al punto clave de esta entrega.
De acuerdo con Piexoto y Oort, 1992, citados en el sitio del Programa de Investigación en Cambio Climático, de la Universidad Autónoma de México, el clima es “un sistema complejo que está determinado tanto por la variabilidad natural del sistema, que puede ser de muy corto plazo hasta de cientos de años, como forzantes externos tanto naturales como antropogénicos, y sus interacciones”, por tanto, se puede inferir de manera sencilla que el cambio climático es una alteración de los patrones del clima; no obstante, es oportuno mencionar que diversos sitios señalan que las variaciones son significativas y de larga duración, y que se explican principalmente por el calentamiento global causado por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
¿Por qué debería preocuparnos el cambio climático? Por muchas razones, ya que el aumento sostenido de las temperaturas, es decir, que cada vez haga más calor, provoca desequilibrios en el sistema natural, lo que tiene como consecuencia alteraciones en los patrones que sigue la lluvia, así como un incremento en otros fenómenos, como los huracanes, las sequías e inundaciones, ¿Les parece familiar? No tengo dudas. En los últimos cinco años hemos vivido en México cada uno de estos aspectos, graves sequías en el 2021 y el 2023, pero también el huracán OTIS, o bien, hace un par de días, las inundaciones en diversas zonas de la Ciudad de México.
Lo preocupante no es que ya esté sucediendo, sino que puede empeorar significativamente si no actuamos para mitigar sus efectos, al menos en nuestro entorno directo, en México. Para clarificar el punto, les comparto los siguientes ejemplos inquietantes que encontré en la red:
- La temperatura actual en México ha aumentado aproximadamente 1.69 °C, respecto de los inicios del siglo XX, y se espera que en los próximos 25-30 años, incremente entre 1.1 °C y 3.0°C.
- Ante un mayor número de sequías, las proyecciones apuntan a un incremento en la demanda de agua de hasta 21%[1]
- Los estados con presión hídrica aumentarán de 11 a 20[2] en el año 2050, es decir, el 62.5% del territorio nacional.
- El nivel del mar en el Golfo de México podría subir hasta 26 cm para el 2050.
- Afectación en los ciclos agrícolas, ante una caída proyectada entre el 80 % y el 100 % de la idoneidad de las tierras, para el año 2100[3].
- Migración ocasionada por el clima. Un ejemplo perfecto es el estudio presentado recientemente por la UNAM, en el que advierte que, dentro de 10 años, la Ciudad de México tendrá varias zonas inhabitables, debido al riesgo de hundimiento que presentan, ya que se identificó que alcanza hasta 40 centímetros anuales[4].
En este punto se preguntarán, ¿Por qué decidí escribir sobre esto? ¿Qué tiene qué ver el cambio climático con el arte? Como dicen los españoles, vamos a por ello, les prometo que sí existe convergencia.
El arte, como he tratado de mostrar en estos casi cuatro años que tengo escribiendo para la revista 13 de Abril (en la siguiente entrega los cumpliré), tiene muchas vertientes que se alimentan del entorno del artista, de lo que vive e incentiva la creación de ideas. En este sentido, el cambio climático no es la excepción, ya que existe una rama que se encuentra relacionada, pero en un sentido positivo, pues se suma a la lucha para revertir o mitigar los efectos del calentamiento global, a través del denominado arte sostenible.
El arte sostenible, como pueden deducirlo, es una forma o vertiente artística que busca poner su granito de área en la lucha contra el cambio climático, toda vez que más allá de basar sus obras en patrones estéticos o conceptuales, pretende promover la conciencia ecológica.
En mi investigación encontré que el arte sostenible se basa en los siguientes elementos:
- Uso de materiales de bajo impacto ambiental: prioriza los insumos de origen sostenible, el reciclaje, la reutilización así como los biodegradables, además de la sustitución de sustancias tóxicas por otras más amigables.
- Optimización de procesos: las técnicas se basan en el uso de energía renovable, en la reducción de residuos tóxicos y en la durabilidad de las obras de arte.
- Reflexión: el contenido de las obras invitan a la creación de consciencia sobre el cuidado, protección y restauración del medio ambiente
Conjuntando dichos elementos se han generado esculturas a partir de basura recolectada, se han hecho murales con pintura no tóxica, e incluso se ha tomado a la propia naturaleza como medio para la creación de arte. Hay una gran diversidad de obras basadas en el arte sostenible, de las cuales puedo destacar a los siguientes creadores, por si desean indagar más al respecto.
Uno de los trabajos que llamó mi atención es el de la canadiense Aurora Robson, quien se ha dedicado por más de veinte años a la escultura, instalación, pintura y collage, a partir de envases de plástico encontrados en la basura. De acuerdo con el sitio de la Asociación Arte Sostenible, la artista corta los envases y los pinta de forma individual según su grosor con tintes no tóxicos, con lo que crea “formas orgánicas que a veces recuerdan a criaturas abisales, plantas o microorganismos”[5]. Personalmente puedo decirles que me causó una gran impresión la belleza de sus esculturas, tan cristalinas y coloridas, que percibí justamente como seres de fantasía.
El segundo artista cuyo trabajo me pareció fabuloso, es el de El Anatsui, escultor nativo de Ghana que se reputa como uno de los artistas contemporáneos más destacados a nivel mundial. Su arte lo realiza a partir de desechos y objetos reciclados, como tapas de botellas, latas de aluminio y otros materiales con los que crea tapices que parecen tejidos tradicionales.
Otro artista sumamente interesante es el danés Olafur Eliasson, especializado en esculturas e instalaciones a gran escala que, con tan solo ver algunas imágenes en la red, me hace pensar que se tratan de toda una experiencia sensorial. Una de sus obras más significativas en el campo del arte sostenible es Ice Watch, cuya intención fue difundir y crear conciencia sobre la crisis ambiental. La obra consistió en trasladar bloques de hielo de Nuuk, Groenlandia, con la finalidad de que la gente los viera derretirse.
En un aspecto mucho más filosófico y con recursos completamente naturales, puedo referir la obra Campo de trigo-Una confrontación, de la artista húngara Agnes Denes, la cual consistió en la plantación de un campo de trigo de 0.8 hectáreas en un terreno baldío en Manhattan, en el corazón financiero de Nueva York. De acuerdo con el sitio de la propia artista, su trabajo temporal tuvo como objetivo plantear un contraste que representaba la existencia de un cultivo milenario asociado con el sustento, en medio del centro capitalista más grande del mundo, como un llamado de atención sobre nuestras prioridades equivocadas[6].
Finalmente, por cuanto a los ejemplos de arte sostenible, no puedo omitir un caso musical, que es la Orquesta Basura, que además es un proyecto mexicano. La esencia de esta agrupación es que la música la interpretan con instrumentos construidos a partir de material reciclado y, aunque se puede pensar lo contrario, la realidad es el resultado sonoro es increíble. Si no me creen, pueden buscar la Cumbia de las Moscas, se darán cuenta de lo que hablo.
Para cerrar esta entrega debo decir que en la obra de estos artistas se nota claramente el componente reflexivo del que hablé líneas atrás, ya que es un llamado estético a la transformación, a la reutilización de los materiales del entorno, pero no solo para trasmitir el mensaje de que debemos cuidar el medio ambiente, sino también que incluso en la basura hay estética y una segunda oportunidad, como una metáfora de la oruga que se convierte en mariposa, o del ave fénix que resurge de las cenizas.
“El arte es una reflexión sobre la vida. La vida no es algo que podamos cortar y arreglar. Siempre está en constante cambio.”
– El Anatsui
Mario Eduardo Villalobos Orozco
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Doctorante en Finanzas por el CESCIJUC, Maestro en Finanzas por la Universidad del Valle de México; es Licenciado en Derecho y Licenciado en Economía, graduado con mención honorífica, por la Universidad Nacional Autónoma de México; además es músico egresado de la Escuela de Iniciación Artística de número 1 del Instituto Nacional de Bellas artes, autor del poemario Cartas a la Lluvia, y colaborador de la revista 13 de abril, desde abril de 2021.
Correo: mevo_vook@hotmail.com FB: Edward Wolvesville
[1] G20 Climate Risk Atlas (s.f.). México. https://www.g20climaterisks.org/mexico/
[2] S&P Global (2023). More mexican states could face wáter stress by 2050. https://www.spglobal.com/sustainable1/en/insights/special-editorial/more-mexican-states-could-face-water-stress-by-2050
[3] The Climate Reality Project (2018). How is climate change affecting Mexico?. https://www.climaterealityproject.org/blog/how-climate-change-affecting-mexico
[4] Proceso, (2025). UNAM advierte sobre “zonas inhabitables” dentro de 10 años en CDMX. https://www.proceso.com.mx/nacional/2025/6/27/unam-advierte-sobre-zonas-inhabitables-dentro-de-10-anos-en-cdmx-353843.html
[5] Asociación Arte Sostenible (s.f.). Las esculturas de basura de Aurora Robson. https://www.artesostenible.org/blog/las-esculturas-de-basura-de-aurora-robson
[6] Agnes Denes (s.f.). Works. http://www.agnesdenesstudio.com/works7.html





guuuaaauuu que interesante artículo 👍 buscaré más información acerca de los artistas q mencionaste para conocer mas acerca de sus obras.