Por supuesto que mi primer pensamiento y, seguramente, el de Genaro, también fue que aquella voz viniera del perro, pero no podía quedarme con la duda. Quizás, el primer instinto de mi acompañante sería el salir corriendo, pero no me podía dar ese lujo, había llegado tan lejos por el deseo de averiguar qué pasaba. Con un ademán imperativo y manoteando un poco, le dije a Genaro a señas que no se moviera de ahí, que esperara. El me vio aún con su cara aterrada, pero asintió.
Aunque deseaba con todas mis ganas prender la linterna del teléfono, era una idea peligrosa e impertinente, así que decidí, seguir grabando en ese pequeño recoveco que tenía afuera de la ventana.
- Aquí tienes tu ofrenda oh gran fámulo, guardián del cerro y elegido por los espíritus de la madre tierra y sus profundidades.
Al terminar de decir eso, un gruñido comenzó a hacerse presente. Sonaba áspero y amenazador. Podíamos notar como cada vez se hacía más fuerte mientras al mismo tiempo el perro comenzaba a chillar de miedo. En ese momento un golpe seco se escuchó contra el piso, un último alarido de dolor sonó en aquel asustado can.
- Come y haz tu trabajo fámulo – se escuchó a Verónica hablar con voz serena.
No podría asegurarlo, pero sabía que adentro de la casa, Verónica hablaba con alguien más. El perro ya no emitía sonido alguno, pero en su lugar solo se escuchaban los gruñidos ya más ligeros, acompañados de un sonido que ya con el comentario anterior de Verónica, podía adivinar que había algo o alguien comiendo ahí: el ruido de como masticaba de una forma avorazada era muy obvio. Apagué la cámara de mi teléfono y lo guardé. Le hice una seña a Genaro para movernos de ahí. Con toda la cautela del mundo y los nervios de punta, salimos de aquel patio y regresamos a la calle. Una vez ahí, Genaro sacó un par de cigarros con su mano temblorosa y me ofreció uno. Lo prendí de una manera desesperada e inhalando una gran bocanada.
- No sé si fue buena idea venir para acá. Esto cada vez se ve más turbio y extraño de lo que parecía al principio – le dije a Genaro mientras avanzamos rápidamente de regreso. Yo venía de frente viendo hacia nuestro camino de vuelta, pero Genaro parecía muy alterado, volteando a cada rato para ver si nos seguían. Solo me miraba de vez en cuando sin decir nada.
Al llegar a la casa, Genaro abrió su puerta inmediatamente. Dejó abierto y me quedé esperando. Salió con un par de latas de cerveza y me dio una. Abrió la suya y le dio un buen trago, me miró fijamente y dijo:
- ¿Qué piensas hacer vecino? La neta esto se ve muy cabrón y ya no sé qué pensar de estos weyes.
- Mañana, me acompañas de nuevo con Luis y, de ahí, ya decidimos que hacer. Ahorita tengo mucho que pensar, pero si hay que andarnos con cuidado Genaro, ahora si regálame otra cerveza para poder dormir a gusto – le dije
Genaro se metió por otra cerveza. Me la dio y se despidió. Cerré la puerta y me senté en la mesa, fumando y tomando las dos latas que me había dado. Después de un rato, cerré bien, me metí a la recamara y me acosté a dormir, había sido un día muy pesado y caí rendido en pocos minutos.
Desperté un poco adolorido del día anterior. El ruido del camión de la basura ya no me dejo dormir. Me preparé un buen desayuno y me di un baño, aunque si siento que dormí bien estaba aún un poco cansado, habían sido unos días muy pesados. Salí al patio a revisar el portarretratos y la pelota azul. Decidí repetir la misma oración de la noche anterior y rocié de nuevo con agua bendita, no sabía si funcionaria, pero después de haber estado ese tiempo en casa de Ángel lo mejor sería hacer algo para quitar esas malas energías. Después de fumar un cigarro en la mesa del comedor, decidí salir a tocarle a Genaro.
Al abrir la puerta, parecía que se durmió con la misma ropa de ayer. Tenía cara de pasar mala noche y no haberse cambiado, su aliento era de cerveza y cigarro. Lo saludé y antes de que dijera algo le comenté:
- Ayer en la noche, ya después de que fuimos a casa de Luis, regresé. Estuve vigilando la casa del Ángel y cuando se salió me metí ahí. Estuve buscando entre sus cosas y me encontré una pelota azul y un retrato de Ale en un altar como de brujería, y sí, me los traje a la casa. Sentí que era mejor ya sacarlos de ahí, no sé si estuvo bien o mal, pero ya lo hice.
Los ojos a medio dormir de Genaro se abrieron ante el asombro de escuchar lo que le había dicho, se rio de una forma nerviosa hasta que al final después de titubear un poco dijo:
- Pinche vecino, no te creí capaz de hacer algo así, pero pues ya lo hecho, hecho está, que le vamos a hacer, y pues ahora, ¿Qué vamos a hacer?
- Creo que lo mejor que podemos hacer es devolverle la pelota y el portarretrato a Luis, y advertirle que tenga cuidado con Ángel. ¿Cómo ves Genaro?
- La niña necesita ayuda, y si ese perro le estaba haciendo algún trabajo, lo mejor si es devolverle sus cosas a su papá, yo digo que vayamos de una vez a verlo. Deja saco mi chamarra – dijo Genaro entrando a su casa, aproveche para entrar por la pelota y la foto y meterlas en una bolsa.
Salí de la casa y ya estaba Genaro esperándome. Tomamos el mismo camino de ayer para dirigirnos a casa de Luis. Al llegar notamos que su grúa estaba estacionada igual que antes, al acercarnos a la puerta como si nos hubiera escuchado iba saliendo de su casa.
- ¿Y ahora? ¿Ya traen más chelas o que hacen por acá? – nos preguntó Luis al vernos llegar
- Hoy no trajimos chelas, pero si le traemos un regalo a tu niña que aquí el vecino se encontró wey – decía Genaro mientras le extendía la mano para saludarlo
- Pues pasen, esta es su casa – decía Luis mientras nos invitaba a pasar- Tomen asiento que ahorita traigo a mi Ale.
Nos sentamos en el mismo lugar del día anterior, y cual déja vu, Luis se fue por el pasillo igual que antes. Regresó con la silla de ruedas de Ale, y ella, aunque su papá venía con su mismo overol, ella si traía ya un vestido diferente, blanco con flores amarillas y bien peinada, aunque con el mismo rostro perdido que habíamos visto. Luis la acomodó en el mismo lugar que el día anterior, se sentó a un lado de ella mientras Genaro con un ademán me señalaba la bolsa, sin pensar en decir nada, solo extendí mi brazo para darle la bolsa a Luis. En cuanto tomó la bolsa y la abrió, su cara de felicidad cambio por una cara que mezclaba el asombro con coraje, temor, tristeza y desconcierto, no sabía que reacción esperar de él. Saco la pelota y la puso sobre las piernitas de Ale, quien al mirarla podría decir que esbozo una micro sonrisa en sus labios. Luis sacó de la bolsa la fotografía de Ale e hizo la bolsa a un lado, por unos segundos solo miró la foto sin decir nada hasta que nos volteó a ver y comenzó a hablar.
- Esta foto, la tomé un mes antes de que tuviera el accidente, le compré el marco y la puse sobre mi buro. Un día regresé del trabajo y su mamá no me supo decir donde estaba, había desaparecido de la casa, pensé que ella la tenía guardada, y a la semana de perdida fue cuando paso esto. ¿Dónde la encontraron?
Genaro y yo intercambiamos miradas, hasta que él al final agacho la cabeza. suspiré, saqué un cigarro y lo prendí.
- Desde hace varias semanas han pasado sucesos inexplicables en mi casa, en la calle y con los vecinos. Primero no les puse atención, hasta que, sin querer, me fui involucrando más y más, todo esto me comenzó a afectar. Con la ayuda de Genaro vi que tu vecino está involucrado en esto que pasa y también de alguna forma sin conocer a Ale supe que también estaba relacionada, no se explicarlo, pero llegamos hasta aquí contigo, ayer encontré esta pelota y la foto de Ale en una especie de altar de brujería, y decidí tomarlos, no sé si fue bueno, pero sé que no les pertenecen.
Después de haberle dado la explicación, Luis solo cerro su puño y me vio fijamente.
- ¿Fue en la cueva verdad? Seguro estaba con el mendigo del cerro, ese cabrón se la pasa chingando a todos por aquí.
No sabia de que me estaba hablando, pero asentí, voltee a ver a Genaro en una mirada de complicidad y pregunte.
- ¿Qué sabes tu de eso? ¿Tienes problemas con aquellos dos acaso?
Luis tomo la silla de ruedas y se la llevó a la recamara, pudimos escuchar como le prendía la TV a Ale y le dijo que estaría platicando con nosotros, regreso, se sentó y prendió un cigarro mientras comenzaba a hablar.
- Ahora que mi Ale se enfermó, el perro del Ángel vino a visitarme y me dijo que conocía a un wey que podía ayudarme para que se recuperara, que era un chamán o algo así. Yo, la verdad, estaba muy desesperado y decidí ir con él a verlo, dejé encargada a mi niña y nos fuimos caminando aquí cerca al cerro; ya saben, nos subimos por la vereda que está ahí arriba por donde están las cisternas y comenzamos a andar. En una parte por donde ya da vuelta el cerro, nos desviamos y comenzamos a subir entre los magueyes, y llegamos a la entrada de una de las cuevas que están ahí, supuestamente es propiedad federal y nadie puede estar ahí, pero ya ven que aquí todo es corrupción y nadie dice nada. La entrada esta muy pequeña y no pareciera que viviera nadie adentro, así que para entrar nos tuvimos que agachar y gatear. En la cueva todo esta mas grande, te puedes parar y se ve que es profunda y llena de pasajes y más. Así que caminamos un poco y adentro estaba ese wey, el que luego se ve que anda ahí en el cerro caminando. Me vio y no dijo nada, solo nos llevó a donde tenia un altar lleno de ollas de barro con plantas y objetos en el piso, y en la pared tenía también un dibujo de una silueta, no se si demoniaca o de un animal. Ahí, el Ángel, le empezó a explicar que mi niña estaba mal y el otro wey, el mendigo, después de que le contara, me volteó a ver y me dijo: $50,000 pesos y voy a necesitar materiales que tu traerás y tu hija quedara bien. Cuando le pregunté que materiales, me dijo que necesitaba sangre fresca de otra niña, de un día cuando mucho, unas hierbas, huesos y más cosas que pidió que ni me acuerdo. En cuanto vi que este wey se dedicaba a hacer el mal, me di la media vuelta y me salí. Ángel me quiso detener, pero no le hice caso y, desde entonces, no me volvió a hablar. Me regresé a mi casa y ya. Y ahorita que me dicen eso y me traen sus cosas yo creo que ese par de infelices algo le hicieron a mi niña.
- ¿Ese wey que dices es el que se la pasa recogiendo botellas y basura verdad? – le pregunto Genaro mientras se agarraba la barbilla.
- Sí, Genaro, ese mismo. Siempre anda de noche con su costal, es amigo del Ángel y del politiquillo ese del licenciado Salvador – contestó Luis.
Los tres nos quedamos en silencio, tratando de entender lo que pasaba. Por mi parte, me daba vueltas la sensación de que ya me había involucrado demasiado, por otra parte, pensaba en que esto no podía seguir así. No me sentía seguro al saber que el lugar donde vivo esta lleno de personas que ocupan sus creencias para beneficiarse de otros, para ellos estar bien, y mas cuando se trata de personas inocentes como Ale. Vi como Luis se quedaba pensativo, callado y Genaro tenia esa mirada que ya le conocía anteriormente, su mirada de que traía algo en mente. Me paré y le hice señas a Genaro de que nos fuéramos.
- Bueno Luis, solo te queríamos entregar esto que encontramos, si sabemos de algo más, te vamos informando, pero por el momento creo que ya al menos las cosas de tu niña ya están de vuelta en tu casa – Le extendí la mano mientras le decía esto y nos despedíamos. Luis nos agradeció y salimos de ahí de nuevo a nuestra calle.
- Vamos a buscar al wey ese, estoy seguro de que algo mas debe de tener relacionado a Ale, te busco en un rato vecino, se me ocurrió algo – me decía Genaro mientras mandaba un mensaje de texto en su teléfono.
Me quedé callado, nos regresamos a nuestras casas, ahí me despedí momentáneamente de Genaro y me metí. Inmediatamente busqué en el internet lo que había escuchado la noche anterior, “Fámulo”, y la descripción coincidía con lo que ya hasta ahorita íbamos hilando de lo que había pasado horas antes y lo que hablamos con Luis, el internet describe a una persona que es un ayudante de algún brujo, alguien que canaliza la energía y cuida de lugares sagrados o de rituales, además, vi metiéndome en varios foros, imágenes de todo tipo, incluso encontré a una hora de aquí de la colonia, varias leyendas y notas relacionadas con ritos obscuros en la zona, hablaba de un gran fanatismo de estas personas y cuan peligrosos pueden llegar a ser. No me espanta el hecho de que las personas tengan creencias, pero al ver tanto relacionado al tema y cerca de mí, incluso sobre algunos casos muy convincentes, me deja pensando que tan peligroso puede ser lidiar con personas que dedican su vida a eso, y más, si de alguna forma me involucre ya por ayudar a la pequeña Ale.
Me di cuenta que pasaron ya algunas horas cuando el sol iba cambiando de posición y mi estomago comenzaba a gruñir de hambre. Dejé la laptop prendida y salí a buscar algo de comer ya preparado, no tenia ánimos de cocinar en este momento. Caminé unas calles abajo hacia la zona donde este día se pone el tianguis y antes de cruzar la calle un carro me tocó el claxon. Me hice a un lado para que pasara, pero solo vi una persona haciéndome ademanes para que me acercara. ¡Era Genaro! Me acerque al carro y me subí, él no tenía auto que yo supiera. – Que bueno que te encontré vecino, ¿Ya vas a comer? para que comamos algo de una vez. – Asentí con la cabeza y él avanzo un par de calles para estacionar el auto, nos bajamos y caminamos hacia el tianguis al área de comida, al ir llegando lo primero que busque entre los puestos fue el de Verónica, no quería cruzarme con ella dado lo que había pasado en los días anteriores, y si, lo vi a lo lejos pero nosotros nos dirigíamos en sentido opuesto a donde se encontraba ella, no nos vio lo cual me hizo sentir aliviado, nos sentamos en un puesto de tacos y ahí mientras ordenábamos, Genaro saco su teléfono y me lo dio.
- Mira, estos los grabe hace ya unos meses, los estaba buscando en unas memorias que tenia y si los encontré. Son varios.
Comencé a ver sus videos que eran de su cámara de seguridad. En ellos se veía un hombre delgado, con ropas viejas y desgarradas que caminaba por la calle con un carrito de esos enrejados que se usan para ir al mercado, y en otros videos, venia con un costal. Se ve que el tipo en cuestión, recogía basura para vender al reciclaje, ya era una persona arriba de sus 40s y por lo que se veía en las horas de grabados los videos, no tenía una rutina especifica, eran de diferentes horarios tanto en el día como en la noche. En uno de los videos, Genaro, me señaló mientras se metía un taco a la boca, me quedé observando y en este, el hombre iba caminando de regreso, pero ya en dirección al cerro. Se veía muy diminuta su silueta ya cuando se alejó al fondo de la calle, pero el camino era el mismo hacia donde empieza la vereda que nos dijo Luis. En el último video que había guardado Genaro, se ve el mismo hombre en la esquina de la calle caminando al cerro, pero es detenido por un hombre, que, ya acercando un poco la imagen, era uno de los gorilas que acompañaban al licenciado siempre. Terminé de comer y le di el teléfono a Genaro, quien ya con su ultimo bocado en la boca me dijo:
- Ya se lo que vamos a hacer. Mi compadre me prestó este carrito unos días en lo que él anda de viaje de trabajo. Ahorita de regreso te dejo en tu casa, yo voy a estacionarme hasta el fondo de la calle, pero dejaré una cámara en el carro, la voy a estar vigilando desde la casa, y cuando veamos que sale este wey, vamos a buscar la cueva que dijo Luis. ¿Como ves?
Me quedé atónito de lo que acababa de escuchar, si era un buen plan, aunque se me hacia ya mucho jugar al detective privado, pero tampoco tan extraño viniendo de Genaro, que siempre anda viendo lo que hacen los demás, ya no se me hizo tan descabellado. Nos paramos del lugar y nos fuimos al auto. Ahí saco de la cajuela una caja que traía la cámara, una memoria, una batería y una tarjeta para el internet. Nos metimos al auto y ahí empezó a conectar todo lo anterior en poco tiempo, he de decir que la cámara ya adentro del carro se veía bastante discreta y con buena definición, hicimos lo que dijo, nos dirigimos a la casa ya con la cámara puesta y el se fue a estacionar el carro. Me quedé en la puerta esperándolo y vi al fondo de la calle como regresaba caminando, mientras prendí un cigarro, y ya que llegó conmigo me enseño su teléfono de nuevo:
- Mira, bájate esta aplicación, y este el código para que tú también puedas ver. Cópialo y así estaremos checando los dos lo que pasa – Copié el código y descargué la app, y sí, desde mi teléfono también ya podía ver a distancia lo que captaba la cámara, mientras Genaro terminaba diciendo:
- Al rato cualquier cosa me avisas y vemos que pasa, en cuanto veamos que ese wey se aleja de aquí nos vamos a la cueva.
- Esta bien, nos escribimos si pasa algo, yo aquí andaré Genaro – Me metí a la casa despidiéndome y me fui a mi recamara.
Ya en mi cama me acosté un rato, prendí la pantalla sin ver nada en específico. El teléfono lo dejé en una base sobre la mesita de al lado, conectado a la corriente solo para estar al pendiente si algo pasaba, la aplicación del video la dejé prendida para estar vigilando de vez en cuando a ver si veía algo. Todo tranquilo en la calle y la colonia.
No sé en qué momento me quedé dormido, hasta que de alguna forma me desperté brincando. Ya había obscurecido un poco y tomé de inmediato el teléfono. Vi un mensaje de Genaro que decía que iba a cambiar la batería de la cámara, no tenía mucho, solo unos 20 minutos quizás. Abrí la aplicación que ya se había cerrado pero la cámara estaba funcionando aún, la toma estaba iluminada por una de los postes de luz de la calle y vi como Genaro apenas iba llegando. Le mande mensaje.
- ¿Todo bien Genaro?
Por la cámara solo vi como Genaro revisaba el frente del carro, no vio el mensaje que le mandé. Se acercó a la barranca que daba al cerro y se quedó parado ahí, viendo hacia el frente. Solo observaba que hacía. De pronto lo vi regresando corriendo hacia el carro, se metió y cerró, y no pude ver que más pasó.
- ¡Genaro! ¿Qué pasó? Te veo desde la cámara – Pero no contestaba.
Sin dejar de ver la cámara tome mis botas y me las puse, agarre una chamarra y me dirigí hacia la puerta. Estaba a punto de abrir cuando en la aplicación se vio una silueta que se acercaba, y ahora si lo pude ver bien. Era el fámulo. Un hombre de aspecto descuidado, calvo mayormente con cabello a los lados, canoso. Venía con una camisa y pantalón, ambos de manta vieja y desgastada, calzaba unas sandalias de cuero y en su cuello y muñecas, traía muchos collares y pulseras muy variados; todo esto, acompañado con un pequeño morral de tela al lado. Sus facciones y su expresión eran de pocos amigos y, su caminar, era lento pero inquietante. Se acercó al auto y se quedó ahí parado unos segundos. Yo, sin moverme, me quedé en la puerta de la casa observando que pasaba. El no se movía, solo volteaba para todas partes.
A los pocos minutos, un auto se estacionó a unos metros de el carro del compadre de Genaro y el Fámulo se acercó a él. Del auto, salió uno de los gorilas del licenciado, el mismo que habíamos visto en el video y entre los dos comenzaron a discutir en la calle. Unos minutos después de varios manoteos, se subieron al auto y ahí se quedaron. Tomé mi navaja y salí de la casa para acercarme a donde se encontraban, pero no paso mucho tiempo cuando el auto arranco, sí, por la calle donde vivimos nosotros. Me quedé agachado esperando a cuando pasaran y recibí un mensaje.
- Vecino, salte en chinga y vamos a seguirlos. Ya voy para allá.
Ya me encontraba afuera. En cuanto subí las escaleras a la calle, ellos iban pasando y atrás ya se veía Genaro en el otro carro una calle antes. Ellos siguieron y Genaro se orilló. Me subí de inmediato casi en pleno movimiento y me acomodé en el asiento.
- Estos weyes se ve que traen algo entre manos, ¿vamos a ver a donde van o nos regresamos a la cueva? Tu decides que crees que sea lo mejor vecino.
Volteé a ver hacia la entrada de mi casa cuando pasamos enfrente y vi con mucha claridad de nuevo a Ale, o lo que yo creía que era Ale. Me miraba ahí afuera con una sonrisa mientras nos alejábamos, volteé a ver a Genaro decidido.
Mi decisión fue inmediata de que debíamos hacer.
Josh Nébula
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Mexicano de nacimiento, musico profesional con más de 30 años de carrera, con estudios en el INBAL, Conaculta y Fonoteca Nacional. Principalmente involucrado en el rock original con varios discos grabados, también ha hecho participaciones en música par teatro, comerciales, cortometrajes y educación musical infantil. Cuenta, además, con estudios a nivel amateur en cine, tanto particulares como en el CENART. Apasionado cinéfilo y fanático de la gastronomía




