CRONICAS NO MARCIANAS. De Noche en el Cerro

Sus labios temblaban de una manera inquietante, su mirada reflejaba estar a punto de caer en un tipo de colapso, parecía que quería gritar o llorar, hasta que, en una voz muy quebrada y con una respiración un poco agitada dijo lentamente:

  • Hola vecino, disculpe la molestia, ¿Me permitiría entrar a su baño por favor?

No soy alguien que recibe visitas, o incluso que sea muy sociable en la calle, pero solo ver que apenas podía caminar y con el maltrecho estado en el que estaba, casi puedo decir que actúe de manera automática abriendo la reja y dejándola entrar. Se agarró de la pared y camino lentamente dentro de la casa.

  • Esta al fondo – Le dije

 A un ritmo casi cadavérico se metió al baño. Cerró la puerta y solo escuché el agua corriendo por el grifo, acompañado de unos pequeños gemidos de dolor. Me quedé parado mirando la puerta del baño unos minutos, hasta que me di cuenta que iba a tardarse un poco. Me senté a terminar mi café con la incertidumbre de que le había pasado. Y los minutos pasaban y pasaban lentamente.

Salió por fin del baño, sus rizos y cara ahora estaba mojados. Ahora un poco más limpia, pude ver algunos rasguños y cortadas en las manos, brazos y rodillas, su boca seguía sangrando y tenía el labio inferior hinchado, traía un golpe cerca del ojo derecho y venia agarrándose la nariz mirando hacia arriba.

  • ¿Tendrá un vaso con agua que me regale? – me dijo ya casi enfrente de mi
  • Tengo agua o café, lo que gustes, si quieres siéntate.
  • Café está bien si no es molestia – me dijo mientras con un poco de esfuerzo se sentaba en el sillón de la sala.

Metí una taza con agua al microondas, me dirigí al mueble donde tengo medicinas y un botiquín básico. Tome un antiséptico, alcohol, unas banditas, algodón y demás para curación.

  • Ten, para que no se te vaya a infectar – le dije dándole lo que traía, mientras el sonido del microondas me decía que ya estaba caliente el agua.
  • Gracias vecino.

Deje la taza, el café soluble y el azúcar en la mesita de al lado para que se lo preparara. Solo observaba como a cada roce del algodón y el alcohol sus facciones cambiaban por el dolor, había partes que parecían irse abriendo más al momento que las limpiaba, incluso cayeron un par de gotas en el sillón y en el piso.

  • Perdón que le de estas molestias, no quería que me vieran en la calle así. Sentía que me iba a desmayar y por eso decidí tocarle, no conozco a nadie en esta calle ni tengo como llamar, perdí mi teléfono y no quería tomar el camión, así como me veía. Me esperé un poco hasta no ver gente en la calle para acercarme para acá.     – decía mientras preparaba su taza de café.
  • Y si no es indiscreción, ¿de dónde viene? ¿Qué fue lo que le pasó? – pregunté

Le dio un sorbo a su café mientras aquella mirada de asustada me decía que tenía dudas de hablar, al mismo tiempo que pareciera que se iba a desmayar. Con la taza de café en las manos, comenzó a hablar.

  • Me metí con la persona equivocada, ¿sabes cómo? Hace un tiempo que nos empezamos a escribir por redes sociales, yo le respondía por educación y él siempre fue amable conmigo, poco a poco conocí más de él y pensé que era buena persona, empezamos a salir. Cuando lo conocí supe que trabajaba en el gobierno, conocí a su mamá y a su hija, me contó muchas cosas sobre él y se vio muy abierto. La verdad me ilusioné mucho, pensé que este era el bueno, salíamos a convivir con sus amigos, a veces a algún bar a tomar una cerveza y siempre sentí que había una conexión especial entre nosotros, hasta que hace poco me pidió que nos casáramos. Una boda que solo fue algo por el civil, sin gente ni nada, y pues quizás me emocione por el momento o no sabía que estaba haciendo, solo dije que sí y me fui a vivir un tiempo con él. Pero me di cuenta que todo había sido un error. Ayer en la tarde después de recoger mi puesto, pasó por mí a mi casa donde dejó mi puesto y pensé que nos iríamos a su casa donde ya vivimos, pero en lugar de eso me dijo que lo acompañara a arreglar un asunto que tenía pendiente. Venía con aliento alcohólico y no dije nada, pensé que era algo relacionado a su trabajo, pero ya afuera en la camioneta vi que no venía solo, venia con sus empleados o guardaespaldas, la verdad no sé qué sean y nos subimos y regresamos aquí a tu colonia, y pues fuimos al cerro que está aquí a un lado.

Dio un pequeño sorbo a su café y continuó.

  • Llegamos ya en la noche, nos bajamos de la camioneta y sus empleados comenzaron a bajar unas bolsas negras bien cerradas y un par de pala. Nos fuimos caminando hacia la vereda para ir entrando, avanzamos unos minutos hasta que nos salimos del camino y comenzamos a adentrarnos entre las plantas y los magueyes. Rl no decía nada, solo tenía una mirada perdida y miraba hacia el frente, hasta que llegamos a una parte alta, no la más alta, pero era un lugar con muchas piedras juntas y una roca grande, como de 3 metros haciendo sombra. Ahí nos sentamos mientras los ayudantes se ponían a excavar. Le pregunté que hacíamos ahí y me miró de una forma loca que nunca lo había visto así.
  • Solo vamos a enterrar unos archivos muertos, ya sabes cómo es esto de los negocios, a veces hay que dar carpetazo a lo que ya pasó – me dijo
  • Ya con eso que escuché, lo mejor era que me quedara callada. Solo seguí viendo como los empleados seguían cavando, ya no se veía mucho, solo lo que alumbraba la luna y ya. Cuando acabaron, abrieron las bolsas y sacaron unos paquetes, no los vi bien, pero uno de ellos parecía estar envuelto en una tela roja y amarrado con una cuerda, otros 3 como en papel de estraza, igual, amarrados y, un par de botellas de vidrio, no sé qué traían, pero había un olor agrio, a humedad cuando los pusieron en el hoyo, y los empezaron a tapar con la misma tierra. luego que terminaron pusieron piedras grandes encima de eso mismo . . .

Le hice una seña a Verónica para que hiciera una pausa, me levanté a prepararme otro café y me quede asimilando lo que decía. Me recordó a hace 2 noches que los vimos en la azotea con sus rituales, ahora ya no sabía si había sido buena idea abrirle la casa para que pasara, me volví a sentar y le pedí continuar.

  • Empezaron a recoger todo y se fueron a la camioneta los ayudantes. Me paré de la piedra y empecé a caminar de regreso, pero el me agarró de la mano y me jaloneo, me dijo que no debía decir nada de lo que paso, y que, si me había pedido que lo acompañara era para ver si podía confiar en mí. Le dije que sí y él no me vio convencido. Me jaló para besarme, pero lo hice a un lado, le di una cachetada y empezamos a discutir. Como yo no quería seguir ahí, caminaba de regreso, pero seguía jalándome y gritándome, hasta que le solté un par de golpes al pecho. Fue cuando se enojó, me golpeo en la cara y me caí. Ya en el piso, comenzó a patearme hasta que llorando le dije que dejara de hacerlo. Se agachó sonriendo para besarme a la fuerza y decirme: CONMIGO NO VAS A JUGAR EH! Me quitó el teléfono y mi bolsa, y se las llevó. Solo vi cómo se fue hacia la camioneta y arrancaban. Me quedé ahí llorando no sé cuánto, y cuando me decidí a bajar para regresar. Escuché unos gruñidos, como de perros cerca de mí, y comencé a correr, no veía por donde iba ni bajaba, entre las hierbas y todo lo que había, creo que tropecé con algún hoyo o piedra y caí y me golpeé. Apenas desperté hace rato antes de venir acá.

Me quedé callado pensando en lo que me había dicho. La primera impresión que me dio, es que tenía toda la razón, estaba hablando del mismo licenciado Salvador que ya había escuchado y visto. Se veía angustiada y por supuesto, golpeada y maltrecha. Su historia sonaba creíble, pero simplemente algo dentro de mi sentía que no estaba bien. Después de unos segundos en silencio por fin decidí hablar.

  • Lamento mucho lo que le pasó Verónica. Creo que lo correcto es que debería de denunciar esa agresión, no sé si quiera usar el teléfono para hablar a algún familiar o ¿hay algo que pueda hacer por usted ahorita? Con gusto puedo ayudarla.

Me acercó su taza de café ya vacía y se me quedo viendo de una manera muy extraña, casi podría decir que me erizo la piel. Sonrió un poco y mientras me tomaba la mano, solo dijo:

  • No es necesario, ya con lo que hizo vecino es más que suficiente, ahorita sin problema puedo llegar a mi casa.

Con un poco de esfuerzo se levantó y se dirigió a la puerta. Le abrí para que saliera. Me ofrecí a acompañarla a la parada del camión, pero dijo que no era necesario. Me quedé en la puerta para verla alejarse de ahí, y mientras se alejaba, noté que volteo a verme un par de veces. Me metí de nuevo a la casa y recogí las tazas. Seguía sintiendo ese cosquilleo dentro de mí que me decía que algo no estaba bien.

Terminé de arreglarme porque tenía que salir, y vaya que me hizo bien. Esas cinco horas fuera de la colonia y de casa comprando refacciones, mandando una venta por paquetería y visitando un cliente, me ayudaron a distraer mi mente un poco. Aproveché para comer algo fuera y así no tener que cocinar nada llegando.

Me bajé del camión y caminé hacia la casa: al irme acercando vi como sobre la calle. Había dos camionetas pickups afuera de la casa y algunas personas en la entrada de la casa de Genaro. Más cerca, vi que el mismo Genaro estaba entre ellos. Lo vi normal y solo me hizo una seña de saludo, pude observar cómo esos mismos que lo acompañaban estaban tomando unas cervezas en la calle y colocando de nuevo un par de cámaras en la entrada y en la esquina de su casa, sin decir una sola palabra, entré a la casa y cerré bien.

Parte de la tarde, me la pase adelantando trabajo para las próximas semanas, escuchando música y encerrado entre programas de diseño y edición, una tarde tranquila. Al mismo tiempo que seguía escuchando afuera de la casa a Genaro y sus amigos platicando. Ya una vez entrada la noche, decidí ir a la recamara a ver un poco de noticias en la pantalla.

Quizás el cansancio hizo que me quedara dormido, hasta que, en un momento donde el volumen subió repentinamente, desperté un poco sobresaltado. Habían pasado algunas horas y todo, salvo el programa de fondo, estaba en completo silencio. Me levanté para tomar un vaso con agua y apagar las luces. Al acercarme a la puerta, escuché afuera de la casa un llanto discreto, que en el momento me pareció que podría venir de casa de Genaro, y aprovechando que ya estaba ahí, tomé sus llaves para entregarlas. Abrí la puerta y entre las dos casas vi que la niña que había visto anteriormente, está ahí sentada, triste y con lágrimas en los ojos.

  • Hola, ¿Estas bien? – le pregunte cerrando mi puerta

Se miro las manos a punto de llorar otra vez y dijo con voz temblorosa

  • No me dejan entrar a mi casa porque perdí la pelota.

Guardé las llaves de Genaro en mi bolsa y me aseguré bien de cerrar la reja. Saqué mi teléfono con la intención de marcar al 911, reportar lo sucedido y mantener a la niña afuera de la casa. Volteé a ver la casa de Genaro y estaba con las luces apagadas, ya estaban instaladas las nuevas cámaras y decidí mejor mañana entregarle sus llaves. Volteé a ver a la pequeña niña.

  • ¿Quieres que te lleve a tu casa con tu familia?

Se levantó y me dijo – Vamos por la pelota para que me dejen entrar – y comenzó a caminar por la calle mientras se iba secando las lágrimas.

No creo haber tardado mucho en reaccionar, pero en cuanto volteé, la niña ya iba unos metros adelante, caminando decidida sobre el andador, directo a las escaleras que llevan a la calle. La seguí por detrás pensando en que tratar de detenerla seria quizás inútil e invasivo, decidí seguirle el juego, al final no creo que avanzara mucho caminando y eventualmente encontraríamos la pelota donde quiera que la haya perdido.

El final de la calle estaba a punto de llegar, justo donde empieza el cerro, de un lado hay edificios y del otro lado casas. No me había percatado de la hora, pero seguro ya era pasada la medianoche. No había gente en la calle, las tiendas que cierran tarde ya estaban con luces apagadas y no pasaba ni un solo carro, solo como siempre los perros ladrando desde los balcones o algunos en la calle que al vernos pasar ladraban y aullaban, y si, mi temor al acercarnos se volvió real, íbamos llegando al cerro.

No es que me de miedo, pero es un terreno donde a la orilla de la calle, hay una barranca alrededor en gran parte del terreno, como de 20 metros de profundidad, ya después de eso empieza el cerro a elevarse. Lo que significa que bajar por ahí directamente y a esas horas de la noche es bastante complicado y subir de regreso, peor, tendríamos que rodear para hacerlo. La pequeña niña se quedó en la orilla mirando y me señalo hacia abajo – Mira, se cayó aquí.

No se veía nada al fondo, por más que intente forzar la vista, solo veía hierbas y basura alrededor. Saqué mi teléfono tratando de usar la linterna, pero fue inútil. Caminé por la orilla buscando un ángulo para ver mejor, pero no se veía nada. La niña se quedó jugando, esperando a que yo encontrara la pelota, sabía que de ahí quizás no nos íbamos a mover hasta que la encontráramos. Seguí caminando por la orilla con el teléfono en mano buscando, alumbrando diferentes lugares, hasta que escuché un ruido abajo. Alumbré un poco más, entre las hierbas y arbustos, vi algo que se movía.

Era un perro que estaba olfateando y buscando comida, apenas se distinguía como caminaba y sin voltear a verme daba vueltas por ahí, desde arriba comencé a seguirlo hasta que llego a lo que había estado olfateando. Se detuvo al lado de un cuerpo que se encontraba tirado con los bazos y piernas extendidos, no se movía, permanecía inmóvil, me quede mirando a ver que hacia el perro y solo se acercó a su cara a olfatear. No sé si el destino o solo la situación ambiental, pero la luna salió de su refugio entre las nubes y alumbró la escena, entre toda la maleza vi el cuerpo de una mujer que se empezaba a mover un poco. Al verla bien vi que era Verónica, pero a diferencia de como la había visto en la mañana, ahora no parecía sucia o lastimada, me quede observándola.

Ella se movía muy lentamente, no podía asegurarlo, pero parecía una escena de alguien durmiendo en su cama, volteándose de un lado al otro, retirando un poco la cabeza del perro que la lamia y olfateaba. Se volvió a acomodar boca arriba como si estuviera en la arena de alguna playa disfrutando el sol, extendió de nuevo los brazos y piernas, se comenzó a mover como si estuviera aleteando, y de pronto lo inesperado. Ante el silencio alrededor y la soledad del lugar, rompió el silencio y comenzó a reír, primero discretamente y luego subiendo el volumen, como si la risa fuera creciendo por algo gracioso hasta sonar enfermiza y repetitiva. El perro se alejó de ella y los perros en las casas cercanas comenzaron a aullar, voltee a ver a la niña y ya no estaba, giré mi cabeza para ver una vez más a Verónica, pero ahora ya se doblaba de la risa, arqueando su cuerpo aun tirado sobre la tierra, dudo que me haya visto y decidí moverme de ahí, moviendo la cabeza de un lado a otro buscando a la niña, pero ya no estaba, no se veía rastro de ella.

Me moví del lugar y caminé de regreso a la casa. En el traslado solo vi algunos perros a la expectativa, ladrando y gruñéndome, Caminé más rápido, lo menos que quería ahorita es tener que enfrentarme a perros callejeros que me vieran como una amenaza. Al ir llegando a la casa, vi a Genaro afuera de su puerta con una cerveza en la mano. Metí mis manos a la bolsa para sacar sus llaves y entregárselas. Al voltear a verme, me miró con una cara algo golpeada y una mirada de desconfianza, le extendí la mano para saludarlo.

  • ¿Qué paso Genaro? ¿Como estás? ¿Esos weyes por fin te dejaron en paz?

Genaro saco su teléfono y lo comenzó a revisar, me lo mostró y puso un video. Era un video de su cámara de seguridad que estaba en su puerta.

  • ¿Cabrón, con quien hablabas hace rato?

Me quedé helado, al ver el video vi como yo salía de la casa y estaba hablándole al aire. Donde debería de estar la niña no había nadie, solo sentí que el cuerpo comenzó a temblarme como si me fuera a desmayar, me agarré de la reja de mi casa mientras mi respiración se agitaba más.

Josh Nébula

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Mexicano de nacimiento, musico profesional con más de 30 años de carrera, con estudios en el INBAL, Conaculta y Fonoteca Nacional. Principalmente involucrado en el rock original con varios discos grabados, también ha hecho participaciones en música par teatro, comerciales, cortometrajes y educación musical infantil. Cuenta, además, con estudios a nivel amateur en cine, tanto particulares como en el CENART. Apasionado cinéfilo y fanático de la gastronomía

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