En este espacio hemos defendido a carta cabal todas las bondades que tiene la
práctica de fútbol.
Hemos suscrito que incluso la movilidad y la manera de correr en el fútbol pueden
fungir como una alternativa de ejercicio físico individualizado, libre y natural, que
sustituye el acto legítimo de salir a caminar y a correr, o que les equipara.
Así mismo es evidente que la práctica de futbol, como actividad, es una práctica
deportiva muy divertida por todo el compendio de agilidades mentales y físicas así
como de inteligencia emocional y de toma de decisiones que jugar este deporte
conlleva.
Es cierto también que este deporte, a través de los jugadores profesionales y a
través de los esquemas de merchandising y marketing que están por detrás de los
equipos profesionales de fútbol, es un impulsor neto de valores dominantes y de
cartabones de comercio, de modas y tendencias y de valores que promueven las
vanguardias a nivel de la imagen personal y a nivel del consumo de ropa y a nivel
de la banalidad material más elemental, en donde en términos generales, el fútbol
pudiera tener elementos de añadidura muy criticables y muy condenables desde el
espectro científico y desde la reflexión crítica y social.
Ahora bien, es cierto, que para las masas proletarias ver un partido de fútbol se
trata de uno de los espectáculos gratuitos más apreciados por las masas obreras y
por las capas poblacionales más bajas por la simpleza de su devenir y sus reglas
y por lo divertido de su transcurso como espectáculo a nivel de un partido
profesional de fútbol.
Y en ese sentido, es que un partido profesional de fútbol y un equipo de fútbol y el
fútbol como simbolismo y el fútbol como metáfora y el fútbol como figura colectiva
y pública adquiere relevancia desde su pertenencia más inmediata que es la
sociedad, en sus capas más bajas a nivel de clases sociales traducido en las
franjas poblacionales más humildes, que al mismo tiempo y en el día de hoy, aún,
forman la base social más importante del fútbol.
A pesar de que el merchandising y el marketing actual del fútbol reorientan el
cauce de seguimiento popular de este deporte, con miras frivolas en pos del
negocio, hacia franjas poblacionales más acomodadas que también han tenido
interacción directa con la capacidad popular de conmoción por parte del fútbol, es
y siguen siendo las capas poblacionales más bajas la base social más importante
de este deporte, que se ostenta además como el más popular y el más querido en
el mundo.
Y en los últimos tiempos y particularmente en México hemos podido ver cómo el
pretexto de la actividad lúdica del fútbol esta ha servido como base de expresión
del descontento y de la lucha y de la conquista sociales más trascendentales.
Hoy, en México y otras partes del mundo, hasta para protestar en contra de los
daños urbanos que ha causado la propiq copa del mundo, en algo que pudiera
entenderse como protestas con fútbol contra el fútbol (risas aparte), jugar una
cascarita con lo más elemental que tiene este deporte que es poder tener una
pelota o un similar de pelota se ha vuelto un acto de bebeldía y una exposición de
descontento ante los atropellos que permanentemente las capas más bajas de la
sociedad tienen desde este sistema de opresión que tiene encima, mismas capas
que reitero, son la base social mas importante del fútbol.
Hoy, para muchas agrupaciones populares y colectivos de lucha jugar una
cascarita a nivel de calle con una pelota y con cuatro piedras que forman dos
porterías se ha vuelto una expresión de descontento y un complemento de lucha
muy valioso para dignificar el derecho a estar mejor en términos generales.
Y es así como estamos en presencia de atestiguamiento de la forma en que el
fútbol recupera la memoria porque el fútbol se ha vuelto acompañante de las
luchas y de las expresiones de descontento más importantes y más
trascendentales del tejido social, porque el fútbol pertenece al pueblo y aunque el
mercado se empeñe en separarlo del pueblo no lo logrará.
Es tan fácil jugarlo y tan fácil estimularlo que por eso jamás será inseparable de la
parte más baja de la sociedad.
Le guste a quien le guste y no le guste a quien no le guste el fútbol es y seguirá
siendo de lo más hondo del pueblo, por más necedad mercantil que se trate de
imponer y que trate de negarlo.
Por Víctor Manuel Del Real Muñoz



