El momento tecnológico y el uso de tecnologías individuales y la telefonía y todos los prototipos tecnológicos que rodean la interacción humana a lo largo de la historia de la civilización imponen hábitos de vida y reorientan los tiempos de esta misma.
Es evidente que la vida en veinte años ha cambiado y que la dinámica de la atención humana es otra con respecto a la de esos tiempos en donde todavía el diálogo y la conversación y el cara a cara y la atención en el momento presente eran prioridades para los seres humanos a nivel cultural y a nivel simbólico.
Hoy, la interacción con el teléfono no solamente es un tema ordinario sino que para la mayoría de las personas en el mundo es una obsesión según cifras de los organismos de salud del mundo.
Pero además de ello, la inercia interactiva con el teléfono nos permite ver que hoy el ser humano adapta su cerebro y sus convicciones a los estímulos cortos y no a los esfuerzos ni acciones de larga data que antes al ser humano se le facilitaba llevar a cabo.
El cerebro humano progresivamente se ha adaptado a una dinámica de estímulos cortos y de compensaciones cortas con videos cortos y con interacciones cortas y con mensajes cortos y con todo corto, casi siempre peladito y en la boca, en cuanto al formato en cómo se presentan las nuevas expresividades desde las redes sociales.
Hoy, la inercia de los mensajes cortos y las enseñanzas cortas y la optimización del tiempo y el empleo de pocas palabras y la falta de disposición enciclopédica y de construcción de relatos y de textos de larga duración y larga data es una constante de la cultura humana.
Las nuevas generaciones no están habituadas ni a los esfuerzos físicos ni a los esfuerzos intelectuales de largo aliento porque sencillamente esta disciplina no es parte de su cotidianidad cultural.
Por ende, el destino político y la penetración cultural son de corta duración con mensajes cortos y con imágenes cortas y con videos cortos y con entendimientos cortos en donde la necesidad de un estímulo diferente en el corto tiempo se vuelve un asunto de supervivencia en cuanto a la interpretación y necesidad mental.
Hoy, entre que todo es cambiante y de efímera duración el cerebro humano está habituado a estímulos cambiantes y lo que en la mañana era una pretensión en la noche ya pasó su efecto de hechizo y anhelo y se pretende vivir otra cosa después, luego luego, y así se la vive el ser humano en una dinámica cotidiana permanentemente cambiante.
Es mucha la información que circula por plataformas y redes sociales y dentro de esa inercia tan cambiante y tan diferente una información con respecto de otra, pero comparten casi siempre el formato corto de estímulo distinto y de cambio permanente.
Y estos son los cimientos que están construyendo las culturas de las masas en el tiempo presente, pero también, la inercia política en la que se desenvuelve la asociación colectiva humana y por ende la nueva manera de transmitir conocimientos y sabidurías, sin que exista un compromiso paralelo en garantizar el rigor intelectual del ser humano.
Antes, indudablemente, al no tener una necesidad de estímulo corto, pero tampoco una distracción permanentemente presente como el teléfono, la actividad intelectual o mental de larga data y el esfuerzo de larga duración no tenían ningún impedimento para su realización y hoy eso no es posible.
Los tiempos han cambiado.
Por Víctor Manuel Del Real Muñoz



