Las enseñanzas ancestrales de las diversas civilizaciones mundiales, así como de las lecciones religiosas más conocidas en este planeta sin la pretensión de instaurar una tiranía o un fundamentalismo religioso, han dejado ver que uno de los aspectos medulares de las enseñanzas espirituales, sin duda alguna, es la capacidad de vivir en el momento presente.
Para quienes tenemos un antecedente médico desfavorable o un metabolismo físico y nervioso disfuncional y por momentos caóticos o para quienes vivimos en medio de rutinas estresantes en entornos absolutamente descontrolados como las grandes ciudades, asistir a regalarnos un momento de impregnación dentro del instante presente puede ser de gran ayuda medicinal.
Evidentemente, la mente, que a efectos de una significación política, económica, cultural y simbólicamente siempre está saturada con mensajes subliminales y cooptada en su atención por muchísimos mensajes y pendientes y rutinas estresantes, es imposible que viva el instante presente todo el tiempo.
El propio sistema de Mercado tiene como uno de sus brazos operativos el secuestro de la mente presente para impregnarnos en el ánimo de ambición de un producto o de una experiencia.
Sencillamente no se puede, porque las rutinas laborales y la dinámica de consumo y el colorido mental disponible a diario y más hoy en la época de los dispositivos electrónicos y las tablets y el celular hacen que la mente pierda totalmente el eje del instante presente.
Sin embargo, un momento, aunque sea unos segundos, de refrescarse del momento y de ser consciente de lo inmediato y de controlar un poco el bucle mental de pensamientos incontrolables, no solo trae consigo una Inercia de paz mental y de sensación refrescante sino que además aligera los dramas y las cargas y hasta los dolores físicos y mentales que el ser humano puede tener en ese momento.
Existe también en muchos circuitos intelectuales una actitud como de detractor de quienes enseñan a vivir en el momento presente o quienes han formulado la estrategia del instante presente como un estilo de vida.
Y es que sí, en torno a las rutinas del yoga y a las tradiciones espirituales y a las etiquetas de Mercado espiritual como lo que es el mindfulness que no es otra cosa que estar en el momento presente, existe mucha dinámica de ventas y mucho marketing, falaz, del que vende un estado de armonía y de plenitud permanentes, cosa que para la vida real es imposible.
No, el verdadero momento presente, no vende que la vida es color de rosa y que la vida es ordenada y plena si se pretende estar en el instante presente todo el tiempo.
No es así, porque la vida es cíclica, y en un sistema social como el que vivimos en el planeta entero el destino humano y los cambios bruscos que la vida pueden dar son parte de la cotidianidad.
El verdadero instante presente solo ayuda a aligerar dolores y caos, a darle un poco de frescura al son del dolor y a tratar de darle un aliciente natural al compás de lágrimas y drama que de repente la vida puede estar pasando en un momento concreto.
Es más fácil que lo genuino y lo inmediato del instante presente actúe y se haga cabal en su presencia en medio de dramas y de dolores, porque la única función del momento presente es aligerar la carga mental agobiante que en momentos adversos el cerebro es capaz de desarrollar y arraigar en el ser humano.
El instante presente sin etiquetas de mercado y sin productos de compra y sin aspectos de marketing está disponible. No es otra cosa más que darse cuenta del instante y atender un poco a lo inmediato y de ser posible tratar de hacerlo a cada momento en que se pueda ser consciente de ello.
VÍCTOR MANUEL DEL REAL MUÑOZ



