CRONICAS NO MARCIANAS. Durmiendo entre groupies. Parte 3

Cualquiera pensaría que tengo algún patrón de gustos personales; incluso, quizás, por mis parejas, pero la realidad es que no es así. Más bien, a veces, se juntan personas con características similares, aunque no es una regla, solo una extraña coincidencia.

Iba llegando al metro siguiendo las indicaciones de Adriana. La gente a diferencia mía, caminaba fresca, con fuerzas, con el color natural en su piel y oliendo a un regaderazo recientemente tomado; no como yo, cubriendo mis ojos con los lentes obscuros, oliendo a noche de desvelo y con actitud de resignación al saber que no debía escapar de mi responsabilidad en el trabajo. Así que haría lo que nunca hago: llegando a la oficina iría a tomar un café para mantenerme despierto hasta la salida. Al ser sábado, al menos, saldría a las dos de la tarde.

Venía ensimismado en mi programación anti sueño cuando llega otro mensaje. Abro los mensajes

  • Hola Rockola ¿cómo estás?
  • ¿Ya llegaste a tu oficina? ¿Qué vas a hacer en la tarde?, pensaba que podríamos vernos. Si quieres llego a tu casa.

Sara . . .

Un poco de contexto no estaría mal y la historia viene así.

Algunos años atrás nos conocimos en línea. Luego, un día decidimos vernos y salir. De ahí empezamos a vernos más seguido, hasta que de repente se desaparecía por un par de meses y volvía a aparecer y, luego, nos veíamos de nuevo durante un mes y de repente se desaparecía, otra vez. Entre todo ese antecedente, cuando la conocí estaba casada. Cuando ya que se había separado, empezamos a salir. En una ocasión, un día que igual no había tenido contacto con ella, recibí una llamada de un supuesto novio que tenía, para decirme que la dejara en paz. Evité tener contacto con este susodicho y lo bloqueé de mi teléfono. En ese tiempo que esto sucedió, ella se contactó conmigo de un nuevo número, ofreciéndome una disculpa por el incidente con el ex novio celoso y posesivo.

¿Les suena conocido? Espero que no, porque estas situaciones son bastante desgastantes. Al final, creo, que todos confiamos en las personas con las que salimos ¿no? Nunca imaginas que algo así vaya a suceder.

Me quede pensando que le diría a Sara. Hace varias semanas que no sabía de ella y seguía pensando en mi noche anterior con Mónica, que evidentemente me gustaba mucho, y si bien, solo hubo unos cuantos besos, tenía intención de verla de nuevo. No sabía que pasaría, pero si sabía lo que quería que pasara.

Le respondí a Sara de manera muy breve

  • ¡Hola Hola! En cuanto llegue a la oficina te mando mensaje y nos ponemos de acuerdo.

 Me responde con un emoji de beso.

Llegué a la oficina, no sin antes pasar por algo de desayunar que me hiciera despertar. El hecho de que sea sábado ayuda a que mi interacción con las personas sea mínima, debido a lo cual, pocos notaron mi desvelo o el hecho de que haya llegado con la misma ropa puesta del día anterior.

En general el día laboral transcurre de lo mas normal, sin sorpresas ni algo relevante. En momentos, bajo las escaleras de mi oficina para caminar al estacionamiento y luchar contra el sueño que aparecía repentinamente, acompañado de esos bostezos infinitos que hacen tus ojos llorar. Lo hago repetidamente hasta que por fin llega la hora de salir. Me dispongo a irme, no sin antes mandarle un mensaje a Sara:

  • ¡Qué onda! Nos vemos al rato por allá, avísame si llegas para comer.

Me fui caminando hacia el metro, ya que me esperaban 2 líneas por recorrer hasta mi destino; mientras, venia pensando en que podría comprar para preparar. Ya en el transbordo de línea, me llega su mensaje de confirmación de que llegaba en unas horas. Tiempo suficiente para cocinar, darme un baño y descansar un poco.

Ya más cansado por la hora, llegué a la estación de mi destino, donde también se encuentra el supermercado para comprar lo necesario para nuestra comida. Como opción rápida, decido hacer un spaghetti a la marinera, una ensalada y acompañar con baguettes. No recordaba que más había en la casa para comer, pensando también, que evidentemente se quedaría en la casa a dormir, algo que no me incomodaba y, no iba a preguntar, mejor lo asumí y decidí prevenir.

A las 5 de la tarde tenia la comida lista. Me había dado un baño muy reparador, que de manera urgente lo necesitaba, después de la noche anterior. Me siento a escuchar un poco de música mientras espero sentado. Así, como escena de The Wall, me quedo con mi reloj de Mickey Mouse, un cigarro entre mis dedos consumido completamente y con cara de desvelo, hasta que el sonido de mi teléfono me hace brincar al sonar. Habían pasado ya dos horas y sin darme cuenta me quedé dormido.

  • Ya estoy aquí en el metro, llego ahorita a tu casa, ¡no tardo! – Decía el mensaje que me había mandado.

Me levanté para recibir a mi visitante, no debía de tardar más allá de 15 minutos a lo mucho.

Estaba en el proceso de calentar la comida cuando sonó el timbre. Le abrí la puerta y al acercarme a ella, entre esa sonrisa particular envuelta entre ese cabello negro rizado, noté un olor a cerveza. Ella se dio cuenta y me dijo que venía de tomar una cerveza con su roomie de turno, y justo, también había comido una torta antes de venir, pero no se resistió a lo que había preparado. Después de comer pusimos un poco de música de fondo y nos quedamos platicando y fumando.

Me considero una persona que sabe escuchar y conversar. Nuestra platica fue pasando desde estar en el sillón, hasta quedarnos mucho rato a la sombra de la noche y luces apagadas en el balcón del quinto piso donde vivía en ese entonces. Temas diversos, familia, trabajo y anécdotas recientes, pero un tema que era recurrente con ella eran los sueños, y esto pasaba, porque era muy común que cada que nos veíamos ella soñaba a su mamá ya fallecida, y en el sueño, su mamá le mencionaba algo relacionado a mí, desde una simple pregunta hasta comentarios relacionados a nuestros encuentros. Nunca tuvimos la certeza de que significaba aquello, pero hasta la fecha me quedo pensando mucho en eso.

Y haciendo un paréntesis . . .  De alguna forma no se si fuera algo premonitorio, aunque aún hay vida para averiguarlo . . .

Nos fuimos a dormir ya tarde, abrazados y cansados los dos; mientras la noche transcurrió normal, dormí como pocas veces de corrido.

Al día siguiente desayunamos, nos bañamos y la acompañé al metro, ya que tenía que regresar a sus quehaceres personales. Nos despedimos en esa ocasión de varios besos intensos, por decir lo menos. Una vez que se fue, cuando iba yo de regreso, me quedé pensando en sus sueños, y aunque el tiempo siga pasando, hoy casualmente llegan a mí.

De fondo suena ahora Dreams de Fleetwood Mac . . .

Y ahora en este momento, después de varios años la historia continua y la reflexión llega, si no hay movimiento todo permanece igual. De pronto la vida le da paso a la muerte y hay palabras que dejaron de sonar, si acaso hay quien lo recuerde en los años venideros, quizás, y solo quizás se cuenten, y si no, se caerán al abismo del olvido, entre tantas otras más que un corazón por vergüenza, por desidia, por dolor, por egoísmo o, tal vez quizás, porque era algo que no debiera ser contado.

A veces, todo comienza con algo tan básico como un rayo de sol en las mañanas, con ese primer respiro que damos al despertar de una noche callada y placentera. En mi caso no es así. Hoy no, esta vez, la noche estuvo llena de sueño intermitente, con esos momentos en que te despiertas sin saber que fue; pudo ser un mal sueño, de esos apocalípticos, donde ves como las catástrofes son de un tamaño descomunal que hasta la cinematografía o la inteligencia artificial son limitadas para representarlas, y te despiertas sin recuerdos de que realmente haya sido eso. Algunas veces, he de confesar que en estos episodios, las pesadillas me han hecho despertar empapado de sudor, a un grado tal, que te tienes que parar a cambiarte de ropa, tomar una toalla y secar tu cara, cabello, espalda, pecho, brazos y piernas por la misma consecuencia, con el pulso elevado, la respiración agitada y tu mente asimilando que nada fue real.

Desperté soñando a mi abuela (QEPD). Recordaba en este sueño, donde vivía y con una situación que, aunque estresante no fue nada relevante, solo ella previniéndome de futuras situaciones que, a manera de parábola, me dejaron inquieto. Mi conexión con ella siempre fue muy buena, decían que me quería más que, incluso, a muchos de sus hijos; y quizás esta conexión que teníamos se manifiesta más allá de la muerte, lo cual me recuerda a otro sueño que tuve en esos años que platicaba con Sara.

Llegué esa noche a mi casa después de un día de trabajo normal y de cumplir con mi rutina típica en esos días. No había nadie, porque vivía solo, como gran parte de mi vida lo he hecho. Llegaba a cenar algo; a veces, a tocar algo de música y, después antes de dormir, ver alguna serie o una película hasta quedar dormido, programando siempre la pantalla para que se apagara, ya que el sonido o las voces de fondo siempre ayudan a conciliar el sueño y así poder descansar.

Seguramente tuve varios sueños esa noche, aunque el que más recuerdo fue el verme en un quirófano, acostado, solo, con unas luces muy brillantes sobre mí. No había nadie más que mí ya fallecida abuela a un lado mío, callada y observándome. Me traté de incorporar y ella me detuvo en ese momento, manteniéndome acostado en la mesa de operaciones. Preocupado, solo le pregunté que pasaba, a lo que ella se acercó y me dijo:

  • No te levantes hijo, no pasa nada, pero si necesito que me hagas un favor, ahora que hables con tu mamá dile que no se preocupe, que todo va a estar bien.

Me quedé extrañado, sin saber exactamente de que hablaba y desperté, justo como en veces anteriores, lleno de sudor y muy alterado.

Esa mañana, la tuve muy ocupada en el trabajo, además de estar agotado por la noche que había pasado. En mi rutina no hubo ninguna sorpresa o algo extraordinario, solo hasta en la tarde, cuando justo recibí una llamada de mi mamá para saber cómo iba todo, platicamos lo básico en ese momento, hasta que recordé el sueño que tuve y se lo conté al pie de la letra.

Me esperaba algún comentario referente al sueño, pero en ese momento mi mamá comenzó a llorar, no sabía cuál era la razón, pero esperé a que se calmara para que me explicara, y su respuesta fue:

  • No le había comentado esto a nadie, pero en unos días me van a operar y estoy nerviosa por la cirugía, pero ya con lo que me dijiste me siento más tranquila.

Me quedé estupefacto de lo que acaba de escuchar, no sabía que pensar, solo esto reafirmaba que mi abuela, de algún modo, donde se encuentre, mandó ese mensaje para mi mamá a través de mí. Quizás, podría haber muchas explicaciones a esto, pero hasta la fecha no he encontrado alguna.

Ahora, cada que despierto, si es que acaso recuerdo lo soñado, medito si hay mundos paralelos, si hay un más allá. Regreso a las preguntas de quienes somos y a donde vamos, hay algo después de la muerte o solo nos transportamos a otras realidades que no podemos explicar. No solo fuimos Sara y yo quienes pasamos esto con familiares que ya no están, seguro hay más personas que tienen algo que contar con una experiencia similar, y, aun así, sé que hay sueños que se hacen realidad.

Suena de fondo Dreams de Cranberries . . .

Josh Nébula

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Mexicano de nacimiento, musico profesional con más de 30 años de carrera, con estudios en el INBAL, Conaculta y Fonoteca Nacional. Principalmente involucrado en el rock original con varios discos grabados, también ha hecho participaciones en música par teatro, comerciales, cortometrajes y educación musical infantil. Cuenta, además, con estudios a nivel amateur en cine, tanto particulares como en el CENART. Apasionado cinéfilo y fanático de la gastronomía

Twitter @joshnebula                                                www.facbook.com/joshnebula

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