La fragilidad: ¿Por el sistema?

En muchos de los manuales de superación personal y en mucha de la literatura proactiva, que le venden a la gente como coaching, le delegan la responsabilidad del malestar emocional al ser humano.

Es cierto que la voluntad personal y la iniciativa propia son herramientas indispensables para la supervivencia, no solo del ser humano, sino del resto de las especies en este gran cosmos.

Sin embargo, también es sabido, que este sistema tiene reglas y tiene principios que responden a un orden económico y a un sistema funcional, en donde hay una condición de clase latente y en donde hay escenarios controlados por una superestructura dominante donde el avance de las masas se ve truncado en cuanto a su desenvolvimiento.

Este sistema, mezquino y explotador por naturaleza, se desenvuelve en una capa de intereses, en donde lo más valioso que sistémicamente el ser humano aprecia de sí mismo es el valor que de otro puedes extraer, y a partir de ahí la lógica de interés se sobrepone incluso al amor por sobre el ser humano.

Este sistema está lleno de trabas y es el causal en términos generales de todas las angustias y de todos los problemas porque a partir de las restricciones económicas y sociales es que se genera la totalidad de los dilemas.

Los dilemas por cumplir caprichos y deseos o bien por sobrevivir o bien por ser pobre son parte de la rutina humana permanente.

En ese sentido delegar toda la responsabilidad hacia la caracterización individual del desenvolvimiento personal es mezquino y hasta cierto punto limitado.

Tampoco alcanza con la buena voluntad de las iniciativas que en el margen de la política se puedan dar como medicina compensatoria para que el ser humano intente llevarla más o menos bien.

Hay un sistema que mata pasiones, aniquila talentos, exprime voluntades y malversa toda buena intención que pueda tener el ser humano.

Por Víctor Del Real Muñoz

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