Nunca he sido el vecino platicador o sociable, quizás solo de niño cuando salía a jugar con mis amigos, pero de adulto las cosas cambian, te mudas a un lugar diferente, no conoces a nadie y al final descubres que eso es lo mejor. Uno está tan ensimismado en sus problemas y conflictos que te olvidas de lo que pasa alrededor la mayor parte del tiempo, hasta que, ya sea por el de la tienda, el vecino, la calle o en el transporte escuchas los chismes de la colonia que están en boca de varios.
Genaro vivía en la casa de al lado, pero en la parte de arriba del dúplex. Por temporadas, llegaba a estar unos meses aquí, pero por momentos igual llegaba a desaparecer por algunas semanas y no se sabía de él, hasta que repente en las mañanas se escuchaba el sonido de la misma canción, no muy fuerte, pero si lo suficiente para saber que estaba de vuelta por acá. Una canción vieja que decía algo así . . .
Jamás, jamás te olvidare corazón,
en mi recuerdo siempre te llevaré,
y si la luna preguntara por ti,
diré que tu estas dentro de mí,
te esperare todas las noches mi amor . . .
Siempre la misma canción, una y otra vez, lo que en algún momento me hizo preguntarme si era quizás un recuerdo de esos amores que permanecen por siempre acechándonos, o si solo era la nostalgia de viejos tiempos. No es que Genaro fuera alguien mayor, pero se veía en su físico, que la vida no lo había tratado muy bien, estaba siempre desaliñado, con mirada perdida por momentos, y se veía que su alimentación, estaba basada en lo que pudiera comprar en la tienda de la esquina, solo para llenar el estómago día a día. Pero dentro de todo, cada que me lo encontraba en la calle me saludaba e intercambiábamos la típica conversación del vecino, un saludo, quizás alguna bobería del clima o del momento y ya, nunca iba mas allá, incluso cuando de repente llegaba acompañado por la misma mujer que a veces aparecía con él, la plática era muy básica.
Hasta ese día en las escaleras.
Era un martes en la mañana, recuerdo muy bien como venía regresando de comprar mis víveres del supermercado, aprovecho siempre ir en esos días que no hay gente y puedo ir y regresar rápido. Venía llegando a la reja de mi casa cuando en las escaleras de al lado lo vi sentado fumando un cigarro, callado y con la puerta de su casa abierta. Después de clásico buenos días, comencé a abrir la puerta de mi casa, cuando lo escuché decirme:
- ¿No gustas un cigarro vecino?
- Si, muchas gracias, solo dejo mis bolsas y salgo contigo – le respondí.
Y así lo hice, entré a la casa a dejar las cosas y salí a fumar y a conversar con Genaro, unos minutos de socialización no le hacen daño a nadie, o al menos, eso creía hasta ese momento.
Ya afuera, me regalo ese cigarro prometido que encendí con una gran bocanada de humo, entonces me comentó:
- ¿Has visto que a veces en las noches siempre pasa un wey caminando con una maleta por aquí enfrente? – me preguntó viéndome fijamente a los ojos.
- No, la verdad es que yo a partir de las 7 p.m. casi no salgo de la casa, sí, alcanzo a escuchar de repente en la noche vecinos caminando o los perros ladrando, pero nunca me asomo a ver qué pasa – le respondí un poco intrigado.
- Mira esto – me decía mientras revisaba su teléfono y sacaba unos videos que evidentemente eran de la cámara que tenia instalada en su ventana.
Los videos no estaban grabados en la mejor calidad, pero si se veía el pasillo frente a nuestras casas por la noche y, como venía un tipo caminando arrastrando una maleta a las 2:42 a.m. con un caminar lento, cabizbajo, quizás porque se veía que ya estaba en sus 50 años mas o menos, no se me hacia conocido el susodicho vecino, como siempre por ser yo mal fisonomista, pero he de confesar que su aspecto generaba desconfianza, y fue donde Genaro continuo.
- La otra vez, me lo encontré cuando regresé tarde de echar unos tragos, y justo iba yo subiendo las escaleras cuando me llegó un olor a podrido, fétido y nauseabundo, incluso los perros que están en las casas mas adelante empezaron a chillar y a aullar, y ahorita revisando los videos de la cámara veo que pasa de repente y siempre con la misma maleta, y aproveché para enseñártelo, se me hace que ese wey algo raro trae, capaz que anda metido en algo el cabrón.
Me quede observando los demás videos y siempre con la misma ropa, el mismo semblante y casi siempre a la misma hora, me dejo desconcertado y le devolví el teléfono a Genaro mientras me acababa mi cigarro.
- Pues hay que tener cuidado, y si se de algo ya te estaré comentando vecino, si lo veo en la noche aquí nos comunicamos – me despedí y agradecí el cigarro y me metí a cocinar.
No le di mucha importancia a lo que acaba de ver, he descubierto que el mundo es cada vez más extraño o quizás he vivido en una burbuja, encerrado, y olvidándome de mi alrededor, sin prestar atención a chismes o a los vecinos, así que seguí normal los siguientes días, pero, no fue hasta que unos días después, en un momento de esos típicos de adulto en los que no puedes dormir, que me quedé viendo la TV hasta muy tarde ya acostado en mi cama. Comencé a escuchar ruidos en la casa, el frio hace que las paredes o los muebles lleguen a tronar, ruidos normales siempre, solo que en este momento todo empezó a tronar mas fuerte de lo que comúnmente suenan, agarre el control de la pantalla y pausé mi programa tratando de escuchar que es lo que pasaba.
Unos minutos después, aun con la casa en silencio, todo volvió a la normalidad, y me disponía a quitar la pausa de la pantalla cuando a lo lejos comencé a escuchar como algo se venia acercando, unas llantas arrastrándose en el concreto de la calle, recordé lo que me había contado Genaro y me quedé inmóvil, solo a la espera de cómo se iban acercando.
No paso mucho tiempo cuando ya estaba a punto de pasar afuera de mi ventana, me quede inmóvil, respirando lentamente y en estado de alerta, y justo cuando iba pasando a un lado de mi ventana se detuvieron esas llantas junto con los pasos pesados de quien la traía. No hice nada más que esperar.
En ese momento solo escuché como una tos ronca y seca estaba afuera de mi ventana, por las cortinas no se podía ver ni hacia adentro ni hacia afuera, así que eso me tranquilizo un poco, después de unos cuantos segundos, las ruedas y los pasos siguieron adelante hasta que se alejaron lo suficiente para sentirme mas seguro y reanudar mi programa. Nada extraordinario paso esa noche.
Una semana después, tuve que salir al banco que me queda a unos 40 minutos en transporte público, con un recorrido fuera de la colonia y un tramo de carretera. Eran las 10 de la mañana y por la hora los camiones vienen casi vacíos. Tome mi camión de costumbre de regreso a la casa.
Ya llegando a la entrada de la colonia, vi como subía al camión el mismo tipo que había visto en el video de Genaro, ya ahora que lo vi en vivo, era un hombre corpulento, de quizás 1, 75 de estatura y unos 90 kilos, y tal cual se había visto en los videos, traía una maleta vieja y aparte una caja de cartón encima de ella. No sé qué traía, pero al subir el ambiente se lleno de un olor totalmente vomitivo, afortunadamente se sentó en los asientos de enfrente y yo venia casi hasta el final, aun así, el olor de aquello era insoportable, trate de distraerme, buscando aire para respirar y no tener que aguantar esa nube de peste invisible. Tenía que aguantar, solo quedaban unos 10 minutos de trayecto.
Llegando a mi parada, me paré a tocar el timbre para bajar, y vi que el susodicho iba a bajar en el mismo lugar que yo, cosa que me puso un poco nervioso, pero por fortuna yo bajé por la puerta trasera y el por la delantera. Al descender del transporte vi como una mujer que iba a subir, vio al hombre en cuestión que iba bajando y comenzó a gritarle:
- Don Ángel, ya ni la chinga ¿Otra vez con sus porquerías? Trae esa pinche peste como siempre y quien sabe que chingados trae ahí, ¡Ya estamos hasta la madre de estarlo aguantando!
Vi como la señora seguía gritándole mientras el tipo se alejaba arrastrando su maleta, sin voltearla a ver siquiera. Crucé la calle para bajar hacia mi casa, sin detenerme. Y sí, sentí a lo lejos una mirada y volteé, aquel hombre se había detenido y estaba mirándome fijamente a lo lejos.
Ya en mi calle, se perdió de vista hacia donde se había ido, y revise como buen paranoico que me sentía, a ver si no estaba a la vista, pero no, ya no estaba.
Llegué a la casa a prender un par de inciensos, sentía que ese olor se me había impregnado en toda la ropa, me di un baño y seguí por el día normal, tratando de olvidar el hecho de aquello que había pasado en la mañana.
Ya entrada la noche, don insomnio se hizo presente otra vez. De nuevo a ver series para tratar de conciliar el sueño, pero otra vez parecía que se repetiría la noche anterior.
Esta vez los ruidos dentro de la casa venían acompañados de aullidos lejanos de los perros callejeros, esos aullidos que denotan dolor o un mal presagio, procedí a bajar el volumen de la pantalla y a tomar mi teléfono por cualquier cosa que fuera a pasar, llamar al 911 o tenerlo a la mano simplemente. De repente a lo lejos se escuchaba ese sonido cansado y arrastrado de las llantas de la maleta acercándose, a un paso lento pero constante.
Me quede nuevamente inmóvil en mi cama, con solo la luz pausada de la pantalla alumbrándome escuchando como se acercaban esos pasos, cuando pasó a un lado de la ventana creo que dejé de respirar y me quedé solo escuchando, volteando a ver que la puerta de la recamara estuviera cerrada, pero esta vez los pasos continuaron su camino, pero solo un poco más.
A los pocos pasos escuche como se detenía, otra vez tosía y todo se quedo en silencio unos segundos que parecían horas, hasta que de momento escuche como tocaban la ventana de la sala. De una forma sutil pero constante, se escuchó que golpeaban el vidrio de la ventana de mi sala.
No hice ningún movimiento, solo me quedé esperando unos segundos más.
De nuevo volvieron a tocar. Clack clack clack sonaba.
Tomé mi teléfono listo para marcar a la policía si algo mas pasaba, pero de nuevo el silencio total.
Una tercera vez sonó el golpeteo en la ventana . . . clak clak clak.
Tomé de la mesita de noche, la navaja que siempre cargo, solo alerta a lo que pasara.
Me quedé esperando unos segundos mas a ver que sucedía, cuando de repente la obscuridad total llegó a la casa, solo entraba la luz del alumbrado de la calle. ¡Había bajado el switch de mi casa y me dejó en total obscuridad!
Me quedé unos momentos pensando en que tenía que hacer y si debía salir a confrontarlo o llamar a la policía, estaba helado de la incertidumbre de la situación. Pero al cabo de unos segundos, solo se escuchó como los pasos continuaron su camino y las llantas comenzaron ese sonido chirriante que ya comenzaba a ser intolerante. Esperé a que se alejara y se dejara de escuchar, fue entonces cuando decidí pararme y salir a subir el switch de la luz. Por fortuna tengo reja en la puerta y al quitar los cerrojos de la puerta estaba protegido por cualquier eventualidad. Me asomé en la obscuridad y no vi nada ni a nadie, solo me llegó ese olor tan desagradable de nuevo, de aquella vez en el camión. Al salir, pude ver como en el piso se veía un líquido de algo que seguro iba goteando de aquella maleta. Salí y subí el switch, pero no solo el mío, si no el de los demás vecinos que había bajado también en ese momento, y me regresé a la cama, no sin antes cerrar la casa de nuevo.
Esa noche no pude dormir bien, tenía pesadillas de escenarios de mi calle de una forma grotesca y estresante, ya hasta que llego el día me sentí más tranquilo.
Pasaron muchas noches mas sin que hubiera alguna novedad, mis sentidos estaban alerta cada que llegaba la noche, no lo comenté con nadie, pensando que era un evento aislado, y también pensé ¡SI LO COMENTO QUE ME DIRAN? Que fue una broma de mal gusto y ya. ¿Iba a ir a denunciar hasta el ministerio publico aquello? La realidad es que se hubieran reído de mi por aquella denuncia vacía y sin sentido.
El siguiente fin de semana tuve un evento de trabajo, regresé noche y en taxi a la casa, cargando mi maleta e instrumento, ya era algo tarde. Al llegar a mi calle vi que había varias patrullas con sus torretas encendidas, una ambulancia y muchos vecinos afuera, se escuchaba a lo lejos una mujer llorar y gritar, mientras iban metiendo a otra mujer a la ambulancia, las patrullas y la policía tenían a alguien detenido.
Al acercarme a la puerta de mi casa, vi a Genaro, en pijama o algo parecido, afuera fumando y viendo lo que pasaba, me vio y me dijo:
- Ya agarraron al cabrón de la maleta, por fin, quien sabe que le hizo a una vecina que ya se la están llevando en la ambulancia.
Solo asentí con la cabeza sin saber que decir y abriendo la puerta de mi casa, metí las cosas y salí a ver que mas pasaba, Genaro me ofreció un cigarro y en silencio solo observábamos como se iba la ambulancia y como iban subiendo a aquel hombre a la patrulla. Nos despedimos y me metí a la casa ya a descansar. Exhalé fuerte ya con el alivio de que esto se había acabado.
Al día siguiente fui a la tienda a comprar algo de pan para mi comida, todo parecía normal y me esperaba quizás escuchar en el chisme de la calle a ver si algo más había pasado, pero la tienda estaba sola y solo pedí mi pan sin preguntar nada.
En el momento que el muchacho de la tienda me cobraba, vi que se me quedo viendo fijamente y se rio, cosa que me pareció muy extraña, yo siempre con mi actitud seria y sin hacer platica, cuando solo procedió a decir:
- Aquí tiene su cambio. ¿Buenas tardes Don Ángel, que va a querer hoy?
En ese momento, solo sentí un escalofrió recorriendo mi espalda y al recibir mi cambio voltee a ver al cliente que estaba detrás de mí, era el hombre que habían detenido el día anterior, con la misma ropa maltrecha y mal oliente, me miro fijamente con esa mirada que parece perdida y al infinito, me sonrió y sin decir nada, solo me regrese a la casa, no sin antes, al llegar a la puerta, voltear a ver si lo veía, pero no, no estaba, esa noche cerré cuidadosamente la casa y me preparé por si algo mas pasaba. Una cosa mas para agregar al insomnio esta y las demás noches.
Josh Nébula
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Mexicano de nacimiento, musico profesional con más de 30 años de carrera, con estudios en el INBAL, Conaculta y Fonoteca Nacional. Principalmente involucrado en el rock original con varios discos grabados, también ha hecho participaciones en música par teatro, comerciales, cortometrajes y educación musical infantil. Cuenta, además, con estudios a nivel amateur en cine, tanto particulares como en el CENART. Apasionado cinéfilo y fanático de la gastronomía
Twitter @joshnebula www.facbook.com/joshnebula




