CRONICAS NO MARCIANAS. El cartel de cine

Josh . . . Josh . . . ¿Estás bien? ¿Te pasa algo? Te siento un poco frío . . .

El ruido alrededor se había esfumado por un instante. Había personas pasando alrededor y gritos de niños, pero yo, me había quedado petrificado al ver esa mirada directamente hacia mí. Su cabello bien peinado, su mirada inocente y todo en combinación con sus manos ensangrentadas. Esa escena, simplemente me transportó a la noche anterior, en la cual, no podía dormir de la emoción en el momento que recibí esos mensajes tan amorosos y profundos. Es de esas veces, que ves algo, y entonces, ese algo, te detona el recuerdo de una emoción intensa. Sí, anoche, esos mensajes tan sinceros y reales me asustaron mucho, justo la mezcla de ternura y crudeza de esto que veo ahora.

Reaccioné al sentir una mano fría, mientras me seguía preguntando de nuevo si estoy bien. Regreso a la realidad. Volteo a ver a mi acompañante ya con la otra mano ocupada, cargando una charola con un par de bebidas, unas palomitas y un par de chocolates. Su mirada es como entre asustada y desconcertada.

  • Te ayudo, si quieres. Tú, llevas los boletos – Me dijo viéndome con una mirada de extrañeza – en el instante en que yo asentía con la cabeza, solo para seguir el momento y no hablar de lo que pasaba.

Nos alejamos de la zona de carteles para ir a la entrada de las salas de cine. Me robé un par de palomitas mientras llegábamos a entregar las entradas. Siempre he sido fan del séptimo arte y gustoso había aceptado la invitación a la película. Al final, solo piensas que iras a ver una historia, comerás palomitas y te distraerás un poco de la rutina diaria.

Pero esta vez, la realidad sería mas intensa que cualquier historia de ficción que pudiera ver en la pantalla de la sala. En ese momento, aunque trataba de estar enfocado en la platica de mi acompañante, no podía quitarme la imagen que traía en la mente, ni la conversación que traía en mi teléfono y, menos, lo que a través de varios meses. Esto, que solo empezó como algo profesional, se fue convirtiendo en una conexión íntima y emocional.

Tratando de actuar normal y sin levantar ninguna sospecha, le digo a mi acompañante que me disculpe un momento, que necesito salir al baño. Ella, asiente dando un sorbo a su bebida. Me dirijo a la salida de la sala, con dirección al mismo cartel que había visto hace un momento.

Al llegar la veo de nuevo. Esa fotografía que tantas veces vi del promocional de la película con la que comenzamos a hablar, de esa que fue el pretexto para acercarnos uno al otro, tímidos, cautelosos y serios. Eso desapareció con el paso de los días, con los mensajes y las pláticas, hasta llegar a este romanticismo a distancia típico de esta época.

Mientras observo esa foto, saco mi teléfono para leer ese mensaje tan correctamente escrito, pasional en un sentido, y con esos modales y esa delicadeza británica que la distingue. Leo un poco y observo. Así continuo, solo recordando su voz, recitando esas palabras dichas y escritas en los bosques cercanos a Londres con sus libros bajo el brazo, mientras yo, del otro lado del mundo, practicando mi set list que he de tocar próximamente. Termino de leer lo ultimo que hablamos y suspiro. Se que lo que siento es real y he aprendido a aceptarlo, aunque por razones obvias, es algo tan personal que no se puede comentar con casi nadie.

Tomo aire para regresar a la sala y actuar como que nada pasa, que todo está muy bien. Mi acompañante se encuentra metida en su teléfono. Mientras se apagan las luces, me reparte mi parte del botín de la dulcería para ver la película. Respiro tranquilo y me alegro de que no notara nada extraño en mí. Acto seguido, me acomodo en mi lugar para estar más cómodo.

Y de nuevo lo diré, no hay coincidencias y, el destino, siempre juega en un tono irónico y sarcástico.

Al comenzar los avances de las películas, sin poner atención, incluso sin saber qué película anunciaba ese tráiler; solo empiezo a escuchar lentamente a Puccini de fondo, con la ya conocida aria de Turandot, Nessun Dorma.

Cada palabra en italiano que cantaba el tenor, casi seguro que era Pavarotti, comenzó a taladrarme de alguna forma, no sé si en la mente o en el corazón, pero sentí que me quebraba . . .

Nadie duerma, nadie duerma.
Tú tampoco, oh princesa,
En tu fría habitación,
Mira las estrellas
Que tiemblan de amor
Y de esperanza.

Pero mi misterio está encerrado en mí.
Mi nombre nadie lo sabrá.
No, no, en tu boca lo diré,
Cuando la luz brille.
Y mi beso derretirá el silencio
Que te hace mía.

Su nombre nadie lo sabrá.
Y deberemos, ¡ay! morir, morir.

Disípate, noche.
Ocúltense, estrellas.
Ocúltense, estrellas.
Al amanecer venceré.
¡Venceré! ¡Venceré!

Es en esos momentos, es cuando te cuestionas si el haber estudiado un poco de italiano, ser musico, tener gusto por la ópera, o incluso, el mismo gusto al cine, te ha llevado a este momento, en el que todo lo que has hecho en tu vida y justo lo que hiciste ayer, te llevó a tener una relación amorosa con una actriz de cine. Esta relación, aunque te salgas a distraer un rato, está presente, cierras los ojos y está ahí, incluso con ruido escuchas su voz hablándote.

Siento mi boca apretarse y mis manos contraerse hasta quedar con los puños bien cerrados, tratando de disimular, ante una posible mirada perdida, que no pasa nada, que todo esta bien. Siempre estoico y sin mostrar lo que siento en público.

La película pasa y, con mucho trabajo, pude poner atención a la trama. Sabía que tenía que hacerlo porque sería el tema de conversación al salir de la sala; así que trate de demostrar que sí la vi. Al salir de la función, todo fue normal, la plática y el regreso cada quien a su lugar de origen. Pude librar el que se notara algo, o al menos eso creo.

Esa noche, de nuevo no pude dormir. Puse Nessun Dorma de nuevo, mientras la pensaba, sabía que estaría ocupada grabando o en sesión de fotos y, yo, por otra parte, dándome cuenta de que lo que creí que no sentiría. Estaba equivocado y era más fuerte de lo que imaginé. Lo escribo porque, sí, le dije que lo escribiría, y sé que lo leerá; porque con todo y sus ocupaciones sé que me lee. Aparte que, como buen amante del Sci Fi, al contarle esto a la IA me recomendó hacerlo, y seguro su inteligencia lo dice por algo. En fin, desde este rincón de mi planeta escribo esta pequeña historia sin nombres que como siempre, puedes tomarla como realidad o fantasía, y acompañado solo con las palabras de la aria de Turandot de fondo . . .

Nessun dorma, nessun dorma

Ma il mio mistero è chiuso in me

Il nome suo nessun saprà

E noi dovrem, ahimè, morir, morir

Vincerò! Vincerò!

Josh Nébula

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Mexicano de nacimiento, musico profesional con más de 30 años de carrera, con estudios en el INBAL, Conaculta y Fonoteca Nacional. Principalmente involucrado en el rock original con varios discos grabados, también ha hecho participaciones en música par teatro, comerciales, cortometrajes y educación musical infantil. Cuenta, además, con estudios a nivel amateur en cine, tanto particulares como en el CENART. Apasionado cinéfilo y fanático de la gastronomía

Twitter @joshnebula                                          www.facbook.com/joshnebula

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