- ¿Estás bien vecino? – me preguntó Genaro viéndome con cara de espanto.
Comencé a titubear sin poder articular un sonido reconocible. Respiré un par de veces antes de emitir una palabra completa fuera de mis pensamientos.
- Genaro, he visto a esa niña varias veces en persona. No sé que sea, pero me habló, porque no la dejaban entrar a su casa, porque perdió una pelota azul. La acompañé al cerro a buscarla, y de repente, en lo que estaba ahí viendo si la encontraba, ya no vi a la niña. Otro día, también la vi con un niño, creo que era su hermano y pasaron a venderme unos focos. Van varias veces que la he visto. Incluso una vez ella estaba en la ciudad con el wey de Ángel.
Genaro sacó un cigarro. Me invitó uno y vaya que lo necesitaba. Lo encendí con las manos temblorosas y le di una gran bocanada, solo sentí como ese humo iba calmando un poco esa ansiedad que sentía. Genaro fumó y se quedó callado pensando y viendo de nuevo el video que acababa de enseñarme. Se terminó su cigarro y prendió otro mientras hablaba.
- Tu casi no estás aquí conviviendo en la colonia, pareciera ser una colonia cualquiera, pero detrás de lo que ves diario, si hay muchas cosas turbias y mucho dolor aquí. Si mañana no vas a hacer nada, acompáñame a ver a un ex compañero de trabajo, quizás eso pueda aclarar mas cosas. Te toco en la mañana y nos vamos a verlo.
Asentí y me despedí de Genaro. Era momento de tomar acciones ya que esto resultaba muy agotador y a la vez estresante para mí. Me metí a la casa, cerré muy bien, y mi ser estaba lleno de sentimientos encontrados. Por una parte, seguía nervioso y pensando en la niña y en que sería ella, ¿un fantasma? Nunca en la vida he visto uno, y aunque he escuchado de platicas entre conocidos en una buena borrachera, o incluso desde niños, oía esas historias que nos contaban los adultos, no creí tener la suerte de estar interactuando con uno. También, por otra parte, me sentía tranquilo de saber que fueran las condiciones que fueran, Genaro, aunque no era mi amigo, era un buen vecino y está de vuelta en su casa, por si algo llegaba a pasar, estaba a la mano. Esta noche dormí profundamente, sin despertar, sin ruidos de maletas o perros ladrando en la calle. Solo el ruido de una noche pacífica.
A la mañana siguiente, después de un buen baño y un desayuno tranquilo escuchando música, me preparé para esperar a Genaro a que tocara, lo cual no tardó mucho en hacer. Tomé una chamarra y salí verlo. Nos saludamos mientras comenzamos a caminar unas calles abajo.
- Vamos a ir a ver a un compañero transportista, se llama Luis y vive aquí cerca. Ayer que me contaste lo de la niña me acordé de él. No se si ayude el que lo conozcas, pero es una opción, porque la verdad después de verte ayer en la cámara me espante mucho.
Me quedé en silencio y seguimos caminando, si bien la colonia donde vivimos hay calles muy bien cuidadas, hay algunas que cuando entras sientes que llegaste a otro lugar. Llegamos a donde vive Luis, una calle donde las casas les faltaba mantenimiento, pintura, cortar las áreas verdes comunes y con mas basura de lo habitual. Al avanzar varios metros, vimos un hombre afuera en la calle, al cual Genaro saludo a lo lejos. Descubrí en ese momento que era Luis. Estaba arreglando una grúa con el cofre abierto. Era un hombre delgado, moreno, de bigote y en sus 40s, traía un overol sucio y una caja de herramientas en el piso. Luis solo soltó un chiflido de saludo en lo que nos acercábamos.
- ¿Qué tranza pinche Genaro, ahora que te trae por acá? ¿Ya descompusiste otro camión wey?
Genaro sonrió y le dio un abrazo, me presentó con él y me estrecho la mano.
- No wey, todo está tranquilo. Ahorita no tengo viajes estos días, pero ya sabes que, si hay falla, luego luego te llamare para que me eches la mano, pero ahorita vengo por otro asunto, por cierto, ¿Cómo está la niña?
- Todo tranquilo aquí en la casa, solo andaba aquí revisando que la grúa este al 100 para la chamba. ¿Vas a sacar las chelas o qué? Dijo Luis, dándole un golpe en el hombro.
- Pinche Luis, son las 11 de la mañana, pero va, deja me traigo un six para platicar un rato, vengase vecino, vamos por chelas para el Luis.
Caminamos a la tienda a comprar las cervezas, Genaro compro 2 six y aunque pensaba comprar 3, le dije que yo solo me tomaría a lo mucho un par. Cuando regresamos, Luis estaba recogiendo todo y metiendo sus herramientas a su casa. Genaro me hizo un ademán de seguirlo y entramos. La casa era bastante humilde: una pequeña mesa cuadrada junto a un par de sillones que se veían ya muy usados y cubiertos de cobijas, un refrigerador viejo al fondo junto a una pequeña cocina, unos bancos, pero eso sí, muy limpia. Nos sentamos en un par de bancos mientras Genaro comenzaba a abrir las cervezas y a repartirlas, Luis jalo una silla y tomó la cerveza.
- Ahora si mi buen Gena, ¿Para que soy bueno? ¡Salud por las visitas! – dijo Luis mientras le daba un sorbo a la lata.
- Pues te traje aquí a mi vecino que me estaba comentando que tiene un problema con su hermana y con su hija. Tuvo una caída en la escuela muy fea y se la llevaron al hospital, y después de mucho tiempo la chavita ya no puede caminar y andan buscando quien les eche la mano para encontrar buenos doctores. Me acordé de que tu niña le paso algo igual y queríamos preguntarte. Dijo Genaro prendiendo un cigarro.
Me quede atónito a lo que estaba escuchando, no tenía idea de lo que Genaro diría, le di un trago a la cerveza un poco nervioso y sabía que sería mi momento de improvisar y seguirle la corriente. Solo asentí mirando hacía el piso para que mi mirada no me delatara. Luis mirándome con la cara seria pregunto:
- ¿Y tú sobrina está bien amigo?
Mi mente solo decía, sigue la corriente sin ponerte nervioso . . .
- Pues ahí va mi sobrina. Mi hermana afortunadamente tiene una cuñada que le echa la mano y cuida a la niña, pero ya sabes, tiene que estar trabajando y sacar para los gastos médicos. Ahorita ya al menos saca dinero para lo que se ofrezca de medicinas y consultas, aunque ya la niña no va a la escuela, andan viendo si le da clases mi hermana o mi cuñado. Aunque la verdad no creo, porque él viaja mucho, y pues mientras ayuda cuando necesita ir al baño y cosas así, que ya no puede hacer. No me dijo nada Genaro de tu hija, solo me comento que quizás tu sabías de doctores. ¿Qué le paso si no es indiscreción?
Después de un sorbo a su cerveza me miro y comenzó:
- Mi Ale tuvo un accidente muy grave aquí en el cerro. Un día que salí a la chamba la deje aquí con su mamá y ya después me entere de lo que pasó. Lo que me dijo mi ex esposa, es que estaba jugando aquí en la calle con unas vecinitas y la pelota se le fue por la calle y cayó en una de las barrancas. Ella se acercó a buscarla y cayó de varios metros hacia abajo. Se golpeó en todo el cuerpo contra rocas y basura y quedo varias horas ahí, hasta que la encontraron unos vecinos, porque unos niños dijeron donde la habían visto. Llamaron a la ambulancia y yo fui a verla al hospital, la vi muy golpeada de todas partes y tuvieron que operarla de emergencia. Me dijeron que tenia algunas fracturas en los brazos, columna y cervicales y que de milagro quedo viva. Ahorita doy gracias de que mi Ale este viva y tengo fe en que algún día volverá a ser la misma niña de antes. Deja la traigo para que la conozcas, ahorita la deje viendo la TV.
Luis se paró dejando la cerveza en la mesa y camino hacia la recamara, se escuchó como apagó la TV y como venían rechinando unas ruedas acercándose, por un momento sentí que eran las mismas de la maleta de Ángel. Llegó empujando una silla de ruedas por el pasillo, me quedé fijamente viéndola. En la silla venia una niña pequeña, vestida con una pijama de ositos, tapada con una cobija en las piernas, con unas pequeñas trenzas a los lados bien peinadas, inmóvil solo parpadeando . . . ¡ERA LA MISMA NIÑA QUE SE ME HABIA APARECIDO LA NOCHE ANTERIOR!
Me quede helado tratando de disimular mi asombro, aunque note que Genaro se dio cuenta del shock que me provocó aquel inesperado encuentro. Le pedí un cigarro mientras le daba un trago a la cerveza.
- Mire vecino, esta es mi angelito Ale. La razón que tengo para vivir. – dijo Luis al tiempo que la acomodaba a un lado de la mesa.
- Mucho gusto Ale, me recuerdas mucho a . . . mi sobrina María – le dije mientras movía mi mano en señal de saludo, pero la niña no se movió, solo clavo su mirada en mí de una manera extraña. Luis sacó su cartera del overol y me extendió una tarjeta de presentación.
- Este es el medico que la está tratando, quédate la tarjeta y seguro él te podrá echar la mano para tratar a tu sobrina. Nosotros hemos estado en revisión cada viernes y tengo fe en que poco a poco se vaya recuperando y otra vez vuelva a estar corriendo y jugando – dijo Luis al mismo tiempo que sonreía. Agradecí el gesto tan amable y guardé en mi pantalón aquella tarjeta.
Genaro y Luis comenzaron a hablar de su trabajo, viajes y experiencias recientes en carretera, yo solo sonreía cortésmente sin poner atención a lo que decían. En mi mente trataba de encontrar una explicación lógica a todo aquello que estaba pasando, sin ser bastante obvio, volteaba de vez en cuando a ver a Ale. Su mirada iba entre su papá y mis ojos, sentí que quería decirme algo, pero la parálisis no la dejaba hablar evidentemente, era la niña que yo tantas veces había visto aunque era imposible, no era una niña parecida, era ella sin duda.
Después de un buen rato de platica y de varias cervezas, nos levantamos para irnos, eran pasadas la 1 de la tarde, porque al salir vimos a muchos niños regresando de la escuela. Nos despedimos de Luis y Ale y nos fuimos de camino a nuestras casas. Sobre la misma calle unas casas atrás Genaro me señaló.
- Mira ahí vive el perro ese.
Me quedé observando, a unas casas de donde vive Luis, estaba Ángel, saliendo a alimentar unos perros en su jardín. No nos vio. Los perros que tenía ahí le saltaban por el hambre que tenían, al menos ya sabía donde vivía por cualquier cosa.
- ¿Es la misma niña que viste anoche verdad? – me dijo Genaro ya un poco lejos de la casa de Luis.
- Si, le miré por mucho tiempo y es la misma, no tiene sentido que la haya visto caminando y hablando, y no estaba dormido tú lo viste Genaro, ya no sé qué pensar, ¿Cómo es posible? – le dije y solo vi que se encogió de hombros.
Llegamos a la calle sin decir nada más. Me despedí de Genaro por el momento, preparé un sándwich para comer algo y me fui a tomar una siesta. Me sentía un poco cansado aún.
Soñé que estaba en el cerro de nuevo. Una especie de Deja Vu de la noche anterior. Parado frente a la barranca, busqué la pelota azul sin saber que hacer. Estaba desesperado por encontrarla, pero no había nada, en ese momento Ale me tomó de la mano y me señaló hacia abajo.
- Mira, ahí adentro está – me dijo mirándome a los ojos.
Intente forzar la vista en el sueño y en el mismo lugar que estaba la noche anterior Verónica. Vi la maleta de Ángel, me agaché a un borde de la barranca y caí, comencé a rodar cuesta abajo golpeándome entre todos los arbustos, rocas y basura, di varias vueltas que sentí interminables hasta que mi cabeza golpeó de manera seca con la maleta. Me quedé inmóvil viendo hacia el cielo y a la orilla de donde acababa de caer. Ale, seguía arriba y sentí mi cuerpo inmovilizado. Escuché pasos cerca de mí, pero no podía voltear la cabeza, solo cuando el perro me comenzó a olfatear descubrí que eran esos pasos. Se alejó y me quedé viendo hacia arriba, hasta que una pequeña mano me tapó la vista. Era Ale que me ayudaba a levantarme. En cuanto me tocó, sentí como mi cuerpo volvía a funcionar y a recuperar su movilidad. Me incorporé y vi a Ale tomándome de la mano. Me señaló la maleta y me acerqué a abrirla. Al abrirla el olor a putrefacto me invadió y sentí ganas de vomitar. Había restos de animales muertos, latas de comida de perro y la pelota azul, tomé la pelota y se la di a Ale. Comenzamos a caminar de regreso y desperté.
Estaba sudado y con los puños cerrados. Me di un baño para refrescarme y tranquilizarme de ese sueño. Al terminar, me quedé un rato sentado pensando en lo que había pasado.
Pensé.
Pensé.
Pensé.
Empezó a obscurecer y a llover muy fuerte. El sonido de las gotas en la calle y sobre las ventanas se fueron haciendo más y más fuerte. Prendí las luces y de nuevo, los focos comenzaron a parpadear, apagué las luces mejor y me quedé con la luz que llegaba del alumbrado público y el resplandor de la luna. Al final tomé una decisión.
Me cambié de ropa, me puse una playera negra vieja, jeans negros rotos, unas botas para la lluvia y un buen impermeable negro discreto. Tomé mi navaja, teléfono, llaves y una linterna y esperé un poco más para salir.
La ansiedad y mi instinto me llevaron a tomar la decisión de ir a averiguar que es lo que estaba pasando, tenía que ponerle fin a esto de una vez por todas.
Ya pasadas las 10, salí de mi casa, aunque no soy alguien que le guste andar por la colonia, si identificaba a la perfección la calle donde habíamos ido a ver a Luis. Caminé bajo la lluvia en solitario, no había nadie en las calles ni carros circulando, hasta que llegué de nuevo a la calle que visité en la mañana. Ahí seguía la grúa de Luis y las luces de las casas alumbrando un poco la calle. Me acerqué lentamente a casa de Ángel para ver por la ventana. Con algo de esfuerzo logré acomodarme y ver al interior.
La casa de Ángel era igual de descuidada que él. Se veía sucia, sin nada en lo que debería ser la sala, más que una mesa y unos botes que hacían de sillas, unas cajas de cartón arrumbadas en toda la sala, 3 perros de buen tamaño en el piso echados y, Ángel, solo viendo su teléfono. Tomando lo que parecería un café que servía de una parrilla eléctrica que estaba en una mesa donde debería estar la cocina. Uno de los perros ladró y Ángel se paró a una de las cajas arrumbadas. Sacó unas latas de comida para perro, un costal de croquetas y las esparció en el piso. Luego ante mi asombro, abrió las latas, se las puso así abiertas a los 3 canes y él mismo comenzó a comer una lata de esas con singular alegría y hambre. Sus dedos sacaban el contenido de esta y se los metía a la boca chupando y lamiéndose los dedos. Ya que todos habían acabado de comer, el aventó las latas a un rincón y se movió de su lugar. Me quedé observando.
Ángel regreso ya con una chamarra puesta, traía la maleta de las ruedas con él, y la dejo abierta sobre la mesa. Seguía moviéndose metiendo cosas en la maleta, pude ver un suéter infantil, unas bolsas al parecer con algo de carne ya toda aguada sin congelar. Me parecían vísceras o algo así. Cuando lo llevó a la mesa, los perros se acercaron a olfatear y a querer jalarla, pero él con un golpe a uno los alejó. Regresó con unos frascos grandes que traían un líquido lechoso y verdoso adentro y que, aunque yo estaba afuera pude notar ese olor nauseabundo que venía de estos. Ángel cerró la maleta y tomó sus llaves, en cuanto sonaron, los perros se levantaron y fueron a la puerta. Me moví rápidamente de la ventana buscando un lugar para esconderme, pero no había nada.
Me fui corriendo tropezándome hasta la grúa de Luis. Me agaché para que Ángel no pudiera verme, primero salieron los perros, pero como era de esperarse, ellos si me vieron y echaron a correr hacia mí. Me fui hasta el cofre de la grúa sin saber que hacer, solo escuché los ladridos acercándose a mí, la lluvia seguía cayendo, pero eso al parecer no los detenía. Me agaché mientras veía como Ángel salía y cerraba la puerta con llave. Uno de los perros me vio y se acercó ladrándome y con intención de morderme, casi podía sentir su aliento en mi cara. Se acercaba, cada vez un poco más a mí.
Solo se quedó frente a mí con el hocico abierto y furioso ladrando.
Josh Nébula
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Mexicano de nacimiento, musico profesional con más de 30 años de carrera, con estudios en el INBAL, Conaculta y Fonoteca Nacional. Principalmente involucrado en el rock original con varios discos grabados, también ha hecho participaciones en música par teatro, comerciales, cortometrajes y educación musical infantil. Cuenta, además, con estudios a nivel amateur en cine, tanto particulares como en el CENART. Apasionado cinéfilo y fanático de la gastronomía




