El ser humano se enfrenta a diario a miles de estímulos que a través de la propaganda y el colorido y la presencia física de cosas y la manipulación comercial y la moda y el merchandising o marketing, generan un estímulo emocional y mental de deseo por vivir experiencias o por sentir experiencias o por cumplir con anhelos materiales que se le presentan en frente al ser humano.
No se trata de ponderar ni ética ni positiva ni negativamente esta situación, ni tampoco mantendremos un posicionamiento político al respecto en el devenir de este texto en este espacio, simplemente se trata de analizar cuáles son los factores que son disparadores de la adrenalina y el cortisol del estrés y que al mismo tiempo reivindican el sufrimiento que tiene el ser humano, de manera permanente, por conseguir cosas a favor.
El mercado, que para los dueños del capital sirve como un espacio o arena de amplificación de los circuitos de acumulación, es en este caso para el consumidor, la arena permanente de tentaciones, porque ahí es donde el ser humano tiene toda la posibilidad de coloridos y tentaciones y estímulos y sensaciones y percepciones disponibles para consumir y disfrutar del efecto de placer que esas sensaciones le da a su subconsciente y su sentir íntimo.
El ser humano se estremece y se curte cerebralmente en medio de las múltiples formas que la Matrix colectiva le presenta como una carta de disfrute que nunca termina por ser permanente y que por el contrario pasa a tener una temporalidad y una caducidad efímera, porque además este modelo de vida incentiva el cambio constante y, por ende, la rotación cambiante de gustos y anhelos.
Es importante precisar que, en este análisis, no se incluye el consumo de supervivencia o el consumo necesario que en el día a día el ser humano tiene que hacer para seguir prevaleciendo sus condiciones básicas de vida como la comida o el vestido o los servicios inmediatos de la casa o las cosas que le proveen confort y bienestar merecido al ser humano, tanto en su casa como en su espacio de desenvolvimiento de vida.
Se reitera que el margen de reflexión y de análisis de este texto no intenta hacer una calibración de positivo o negativo o una valoración política sino simplemente desagregar en dónde pudieran estar los elementos causales del sufrimiento cuando el anhelo del ser humano rebasa los límites de la normalidad y se inclina hacia la obsesión por conseguir cosas.
Y es que precisamente el mercado existe y prevalece gracias a esa obsesión, porque el mercado tiene maneras, a través del marketing y del merchandising, de hacer de cosas estériles necesidades y experiencias insustituibles, que se vuelven condiciones mentales que entran al subconsciente humano para convencerle de la importancia de cumplir a carta cabal esos roles de vida y esas sensaciones y esos deseos y anhelos.
El mundo moderno se caracteriza por tener rotaciones constantes y cambiantes en cuanto a los coloridos y las formas en el gran mundo de las tentaciones, porque además las redes sociales contribuyen a una velocidad dinámica y cambiante en que se presentan mensajes subliminales y criterios de mercadotecnia y aspectos materiales que tienen por consigna incentivar el consumo y la comercialización mercantil absoluta.
Por lo tanto, no es de extrañarse que la sociedad moderna tenga índices tan altos de problemas mentales y emocionales que parten desde las crisis básicas de ansiedad hasta los trastornos emocionales más superlativos y agudos porque evidentemente la mente está sometida a un sinfín y a un vaivén de múltiples coloridos y formas y estímulos permanentes.
El problema visible e identificable de este mundo de tentaciones múltiples y diversas formas y coloridos es que alejan al ser humano de los momentos de mayor paz y tranquilidad que el ser humano debiera de tener para mantener en armonía su vida y también, está claro, que estas condiciones están rebasando los alcances tanto de las medicinas alternativas como de las medicinas modernas y las estrategias oficiales y alternativas para apalear estos problemas.
Por Víctor Manuel Del Real Muñoz




