Sólo sufriendo

Percatarse que no somos nada siendo todo y percibiendo todo necesaria y obligadamente depende de cuando la vida te restriega lecciones, te planta golpes que se sienten con mucho dolor e incertidumbre y en donde el miedo se apodera de ti, porque en esos momentos la vida te desnuda y te agarra a la defensiva y no tienes manera de ejercer una resistencia.

Sólo te toca vivirlo, enfrentarlo, frontal, plantado o a la deriva y débil, pero afrontarlo directamente, ya la vida sabrá cómo hacerlo.

El infortunio, sin duda, llega a tu vida para proveerte de la lección más genuina para entender y asumir que los aprendizajes más significativos no son aquellos en donde te doraron la píldora y te dieron palmadas en la espalda y te hablaron con voz dulce y cálida y te dieron regalos envueltos lindos con la complacencia de un ego contento dispuesto a volar el jumbo del placer hedonista.

No, el infortunio llega a tu vida y te sujeta de las partes más endebles y resalta de ti la parte más carente y más miserable y te imprime más dolor en aquellos reductos de tu integridad en donde hay más espacio para sentir ese dolor y te ablanda y te hace sentir frío y te hace sentir sudor y te hace morirte de miedo y te hace sentir que no tienes escapatoria y te genera una sensación de encierro y de agobio y a pesar de eso el miedo sigue creciendo en proporciones volumétricas y por momentos parece que no para y que se vuelve una situación inevitable.

Quizás, sólo así, tu vida te está brindando lecciones fortuitas y milagrosas para tomar las pautas más sabias que tu propia vida te brinda.

Y de repente, para afrontar esos nubarrones oscuros llenos de lecciones que tu vida te provee, volteas y el Dios mercado te tiene soluciones para que las compres y también tu Estado o tu gobierno te ofrece otras tantas y también en tu casa encuentras algunas más con tu familia, amistades y con tu pareja y con tus amistades y con tus mascotas y de repente hasta los aspectos que le dan cierto sentido a tu vida te ofrecen una salida con cierto confort, pero la lección oscura y dolorosa ha llegado, el aprendizaje se instaló por dentro de ti y te deja una marca imborrable de la cual solamente tú eres consciente.

Ese ardor y ese trauma y ese recuerdo plantaron en ti una lección y una experiencia genuina de la cual has tomado mucha sabiduría y eso nadie ni nada lo puede evitar.

Y a partir de esto es que se moldea mucha de tu vida porque con esas experiencias tomas notas y te quedas con traumas y desarrollas experiencia y desarrollas trayectoria y desarrollas resiliencia y hasta ciertos anticuerpos emocionales que te permiten tolerar con más frescura algunos otros aspectos oscuros que en un futuro te vuelven a hechizar o atrapar.

La vida se aprende con los golpes arteros que no pretendías vivir y de los cuales nunca fuiste consciente que llegarían.

Y sin embargo, esos accidentes se presentan para que aprendas las lecciones más soberanas y más leales y hasta verídicas como únicas experiencias que en ese momento te tocan vivir.

Casi siempre tu cultura y tu sociedad y tu entorno y el mercado te han brindado parámetros o modelos adhoc para vivir la vida, pero la verdadera vida, que reitero, es la tuya siempre te prepara sorpresas que solamente te tienen a ti como prueba de autoría original y como único canal de expresión auténtica que tienen para reivindicarse y surgir, casi siempre, de forma espontánea.

Porque incluso, el aprendizaje de estas experiencias, te permiten sopesar y medir con más recato, sin necesitar negarlas ni evadirlas, aquellas experiencias placenteras o fortuitas que también llegan. Tu vida te quita y te da y en la parte en que te quita es en donde te restriega estas lecciones, pero después también te abona y te hace pasarla bien, aunque ella misma se encarga de sacarte de tu nube cuando lo cree conveniente.

El placer y la alegría llegan a tu vida también de manera inevitable, pero habiendo vivido tus propias lecciones, ya las asumes con otro sabor y con otro color y las recibes con los brazos más abiertos y con la atención mas plena y la conciencia más dispuesta y sin la necesidad de apegarte a ellas, y puede, quien sabe, que incluso los disfrutes mejor y de forma más incondicional.

No tienes que recurrir a las experiencias de otros plasmadas en películas y en libros y en reseñas de redes sociales y en grupos colectivos de apilamiento de enseñanzas individuales. Tu vida, la tuya, la única que tienes, ya trae las claves que necesitas porque te ha restregado las enseñanzas necesarias para lograr una asimilación perfecta de las lecciones que en tu vida se vuelven necesarias.

Sólo así puedes decir que has vivido la vida, con aquello que se apoderó de ti y te golpeó con la más brutal de las intensidades y te restregó el más artero de los golpes internos y te destruyó por dentro y te hizo dudar de ti mismo y te quitó candor y vitalidad y te quitó energías y fuerzas y por las cuales te sobrepusiste después y saliste adelante, o por lo menos, volviste a asomar la cabeza.

El aprecio en tu vida y el agradecimiento en tu vida y el sentido de correspondencia en tu vida y la humildad en tu vida también dependerán de muchas de estas lecciones incómodas y grotescas oscuras que se presentarán ante ti porque entonces estarás más abierto a vivir con plenitud y con gozo y con regocijo y con alegría y con los brazos abiertos todo aquello que para bien de ti te compense la vida en tu beneficio y en tu disfrute o en tu paz imponderable.

Tu vida es la única que sabe cuándo te toca disfrutar y cuándo te toca agradecer y cuándo te toca disfrutar de lo existente para que la pases bien y cuando te toca sufrir más y cuando te toca golpearte más para seguir aprendiendo.

Tu vida es la única que sabe cuándo te toca estar arriba y cuando te toca estar abajo y por eso es que es para vivir la vida no tienes que tomar modelos de nadie sino simplemente vivir tu vida.

No lamentes nada de lo que ha surgido, ha sido verdad y has vivido de forma oscura hasta el momento, nada es casual, llegó por algo, llegó a tu vida con un sentido de aleccionamiento y créeme que te trae la mejor de las sabidurías.

Ya tu sabrás de qué se trata.

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

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