Durante muchos años en los que la escritura y la expresión escrita, el desarrollo de narrativas escritas y la redacción al natural adquirieron una relevancia cultural, política y social en el mundo y, más allá de la expresión de un mensaje simple, los criterios editoriales, los correctores de estilo y los expertos en la gramática y en la escritura quisieron corregir aspectos ortográficos, de sintaxis y de perfeccionamiento de toda reflexión escrita, de redacción de todo texto, ensayo o argumento que fuera expresado de manera escrita, se enarboló una tradición de escritura con muchos matices en cuanto al estilo y las formas, pero al final de cuentas hubo una tradición, humana, por más que pareciera algo lógico citarlo de esta forma.
En muchas ocasiones, desde la afinidad del estilo de escribir y todo lo que eso conllevaba hasta la reiteración de palabras y contextos escritos o el manejo de una ortografía eficiente y algunos otros aspectos en cuanto al estilo fueron parte de la amalgama de correcciones y de críticas que toda la narrativa escrita, todos los ensayos y textos construidos e incluso los de envergadura científica y académica con todas las normatividades metodológicas y científicas alrededor de ellas, conllevaron y seguramente siguen conllevando.
Es necesario mencionar lo anterior porque estamos viviendo una época de irrupción de la Inteligencia artificial y una época donde la capacidad de escribir del ser humano se está viendo acosada por el automatismo perfeccionado, higiénico, limpio y sin imperfecciones de los contenidos escritos que la Inteligencia artificial elabora.
Hoy, desde el cumplimiento de una tarea de escuela hasta el mínimo mensaje escrito que proviene desde una necesidad de alguna persona hasta el desarrollo de diversos trabajos escritos de diversas envergaduras se ven desafiados por el alcance, por momentos incomparable, de la calidad de los argumentos escritos por parte de la Inteligencia artificial que es programada para arrojar lo que se desea en el momento presente sobre algún tema o sobre algún área o sobre algún elemento a discernir.
Es por eso que algunos de los errores, falencias o flaquezas existentes al escribir pueden significar el día de hoy un elemento de soberanía y de enaltecimiento del esfuerzo personal y del valor personal de ponerse a escribir un argumento.
Quizás, desde una ingenuidad, y a lo mejor desde una ética, hoy en día es más valioso mal escribir o escribir a medias o escribir con flaquezas que delegarle dicha responsabilidad y dicho esfuerzo a una Inteligencia artificial que no tiene sentimientos ni margen de error.
Y es que esta realidad, más allá del hábito de escribir, forma parte de un desarrollo histórico y cultural en donde las máquinas y el ideal de perfeccionamiento matemático y de precisión con respecto a todas las acciones humanas va ganando espacio de legitimidad y de honra y respeto por parte de las masas que prefieren lo más desarrollado y lo más preciso por encima de la imperfección que es concomitante a la esencia del sentimiento y de las virtudes humanas.
Hoy, como nunca antes, se puso de moda aspirar a ser perfecto y no tener imperfecciones en nada y la escritura es parte de ese triste derrotero.
Por Víctor Manuel Del Real Muñoz



