No podemos dejar de buscar

Cuando el ser humano se aferra a relajar la mente y a tratar de ser resistente, en términos de la intuición de tanto estímulo multisensorial que rodea a la visión y a la mente de las personas, hay ocasiones que en aras de que prevalezca la paz se presenta un estrés y una tensión psicológica muy fuerte porque el objetivo no se logra y se concurre en un aspecto de absoluto dolor emocional.

La esencia humana se caracteriza por no dejar de buscar a lo largo del trayecto de vida, porque las cosas cumplen un ciclo y los gustos y las adhesiones y los anhelos van evolucionando, van mutando o simplemente van cambiando a lo largo del tiempo, o incluso, llegan a ser otros.

Hay ocasiones en que a la vida llegan aspectos que siempre se anhelaron y que pueden ser desde vivencias y experiencias hasta aspectos materiales o títulos o logros o metas de cualquier envergadura, y de repente, cuando llegan en tiempo presente a la vida cumplen con una caducidad y el estímulo de alegría y de apego se apaga de forma rápida inmediatamente y de repente todo aquello que se ostentaba como una plataforma motivacional y de ánimo se convierte en una carga por superar.

Es muy normal que en la vida existan aspectos a los que se les entregó de forma inicial el máximo de los amores y el máximo de los apegos y que de repente pasan a convertirse en una carga dramática de la cual el ser humano mismo ya se quiere desprender, de un momento a otro.

Durante muchos años de jugar y ver partidos de fútbol de barrio en deportivos públicos de indistintos lugares me he percatado que lo descrito en líneas anteriores se cumple a cabalidad.

Es muy llamativo observar cómo los jugadores de barrio llegan a los deportivos con muchas ganas y con sus uniformes en orden y con sus enseres de juego y sus pelotas y sus peinados de moda y novedad inspirados en los futbolistas profesionales o en los famosos del momento.

Luego, pasan al campo de juego y tienen un pequeño periodo de calentamiento con rutinas de ejercicios isométricos y de tensión dinámica y de pequeñas carreritas multilaterales en un lapso breve de uno a tres minutos antes de que el árbitro de un silbatazo inicial.

Y ya comenzado el partido, muchos de ellos empiezan a burlar con la pelota y a correr y a generar jugadas y a tratar de disfrutar ese momento de absoluto placer.

Pero pasados los minutos, en algunos jugadores, no en todos por supuesto, es notorio el semblante de hastío y de cansancio mental y emocional de permanecer jugando porque la inyección de adrenalina y de endorfinas y de amor inicial por ese partido pareciera que está llegando a su fin en ese momento concreto.

Pareciera, pasados los minutos, que muchos jugadores les urge que ya acabe ese partido para hacer otra cosa o tomar una cerveza o simplemente ya dejar de jugar porque les quema los pies el seguir sobre el pasto persiguiendo un balón y eludiendo adversarios porque sencillamente la cabeza ya no les da para seguir con la inercia de esa misma acción y es donde se comprueba que el Idilio inicial de empezar a jugar se ha terminado.

El ánimo de búsqueda y de sentir nuevas sensaciones y de tener nuevas experiencias y de seguir buscando nuevas cosas para llenar las necesidades de interpretación de la mente se hace presente ya que se cumple con un ciclo corto o largo dentro de una misma acción que anteriormente fue anhelada como el hecho de jugar al fútbol en un partido.

Otro ejemplo lo veo en loa eventos académicos, en donde con mucha prisa previa los asistentes están con mucha atingencia en las mesas de registro o con un registro vía correo electrónico previo con mucho entusiasmo de poder ir a ese lugar a obtener nuevos conocimientos académicos y científicos.

Y ya adentro del evento, podemos observar cómo de repente aparece la desesperación y el hastío hasta por estar sentado en la misma postura todo el tiempo.

Pareciera como que se agota la disposición de los asistentes de seguir escuchando los planteamientos de los conferencistas y de los ponentes y de repente pareciera que un mosquito de la desesperación se hace presente entre el público y comienzan los susurros y los movimientos y las ansias de querer estar en otro lugar e incluso llega el momento donde la terminación del evento o los aportes y los nuevos conocimientos pasan a segundo plano porque la mente ya se desesperó y busca otra cosa.

Y es que si nos damos cuenta este es el actual cotidiano de la mente de todos nosotros los seres humanos.

La mente nunca se está en paz y siempre quiere nuevas cosas y esto tampoco sabe ni de edades ni de géneros porque tanto niños como adultos mayores y por supuesto adultos y adolescentes estamos en esta dinámica todo el tiempo.

Somos incapaces de permanecer en el presente porque en este momento presente estamos habituados a mirar siempre hacia el futuro o a lamentar el pasado que hemos vivido, pero nunca estamos conformes con lo que este instante nos ofrece al menos para proveernos un poco de la medicina de la paz y el descanso y el alivio momentáneo de una mente sintiente e intuitiva e interpretativa.

Por eso es que el ánimo de búsqueda es ese bichito incómodo que todo el tiempo nos está acompañando en el paso de nuestros días y que de repente nos desestabiliza a grados incontrolables por nosotros mismos.

Quizás ser conscientes de esto es el primer paso para aliviar lo incómodo del ánimo de búsqueda sin necesidad de prescindir de este mismo ánimo de búsqueda que en todo momento se hace presente, porque incluso sufrimos al querer prescindirlo, en aras de quizás simplemente ser consciente de él.

Víctor Del Real Muñoz

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