Como cada inicio de año, antes de adentrarnos al tema de esta entrega, aprovecho para felicitarlos por el ciclo que comienza, deseo que sus deseos se cumplan, que no les falte la salud, la tranquilidad, el amor, la prosperidad y, por supuesto, que sigan leyendo el contenido de la revista 13 de Abril.
En esta ocasión, con motivo de la próxima celebración del día del compositor en México, el 15 de enero, quiero contarles acerca de tal fecha y algunas cosas más relacionadas con una de las actividades que más me apasionan y tengo el gusto de practicar; una labor compleja que sirve como herramienta para expresar de manera abstracta o muy directa lo que su creador lleva en lo más profundo de su ser, y que genera en el público reacciones intensas, apasionadas, tristes y de todo aquello que podemos sentir los seres humanos.
Personalmente, considero que la composición es, como suele decirse, la mano que mueve la cuna, la magia que hay detrás de la ejecución de los músicos y cantantes que son quienes normalmente se llevan el mayor crédito (no pretendo demeritar su labor, claro está) pero, ¿en dónde está la mente maestra que convierte el sonido en sentimientos? Adivinaron, en la inspiración y talento de los compositores que, como diría una buena amiga, son los encargados de traducir las palabras de Dios, a través de uno de los lenguajes universales.
Es imposible la existencia de la música sin el trabajo de los compositores, no solo de la académica, con titanes como Beethoven o Revueltas, sino en general, en el rock, el tango, la salsa, las baladas, etcétera; siempre hay una pluma dispuesta a contar historias sonoras para acompañarnos día con día, desde la antigüedad.
A colación del tiempo y el lugar que tiene la composición en la humanidad, un dato interesante de esta bella labor es que la obra no siempre ha estado vinculada a su autor, como sucedía en las culturas antiguas, en las que podía ser comunitaria, propiedad de figuras de poder o de quien hacía el encargo, usualmente gente de la nobleza o acaudalada. No obstante, naturalmente hay excepciones, tal es el caso de Enheduanna, hija del rey Sargón de Acad (les recomiendo leer sobre su historia y los paralelismos con el Moisés bíblico) quien ostenta el título de ser la primera poeta/compositora reconocida por su nombre, gracias a sus himnos dedicados a Inanna, diosa sumeria del amor, la guerra y la fertilidad, ¿cómo se sabe? Porque tenía el buen hábito de firmar sus obras por allá del remoto 2300 a.c.
Sin embargo, uno de los casos más conocidos, por cuanto a la relación del autor con su obra, sucedió en la edad media, con otra mujer, de nombre Hildegard von Bingen, compositora, filósofa, escritora, científica y santa (sí, fue beatificada), figura clave en la conciencia autoral, ya que fue pionera en escribir y firmar diversas obras y obtener el reconocimiento público sobre las mismas. Pueden encontrar su música en cualquier plataforma, aunque es un estilo monofónico antiguo, les prometo que lo van a disfrutar, es relajante e incluso místico.
Por otra parte, no es sino hasta épocas posteriores en las que el trabajo del compositor será reconocido como suyo (aunque con ciertas limitaciones), a lo que contribuyó ampliamente la aparición de la imprenta y la profesionalización de su labor, lo que permitió el trabajo por encargo a cortes, iglesias y/o teatros, como sucedió con maestros como Bach o Vivaldi. Posteriormente el compositor asumió un papel como creador, como el genio responsable y dueño intelectual de su arte. Es importante mencionar que las regulaciones jurídicas sobre los derechos de autor llegaron tiempo después para consolidar la protección del vínculo que tienen con las obras frente a terceros. Si desean saber un poco más acerca de este tema, pueden consultar el artículo que escribí al respecto, Derechos de autor: puntos básicos que todo artista o creador debe saber, disponible en el siguiente enlace: https://13deabril.com/derechos-de-autor-puntos-basicos-que-todo-artista-o-creador-debe-saber/
Este último punto tiene relación con una polémica actual, por cuanto al uso de la inteligencia artificial para generar música (no componer, opinión personal), ya que a través de modelos generativos que se alimentan de los datos disponibles en internet, es posible estructurar melodías e incluso letra, emulando cualquier estilo y contexto que se le indique. Esto no solo supone un riesgo laboral para los compositores, sino una posible afectación a su obra, ya que la IA se entrena con los registros de la música existente, muchas veces sin el consentimiento de sus autores, lo que es a todas luces un problema ético y, tal vez, bajo ciertas condiciones, legal.
Por dicho problema, así como por los de la antigüedad que siguen tan presentes, como la falta de reconocimiento o debida retribución, no solo se han creado leyes específicas, también han surgido asociaciones cuyo objetivo es la protección y administración de los derechos de los compositores, como la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), que ofrece diversos servicios que van desde la recaudación y distribución de regalías hasta la defensa jurídica.
A todo esto ¿Por qué hago mención específica de una institución? Porque además de su relevancia en materia de derechos de autor, hay una razón especial. Como mencioné al principio, el 15 de enero se celebra el día del compositor, ¿por qué esa fecha?, porque se conmemora la fundación del Sindicato Mexicano de Autores, Compositores y Editores de Música, predecesor de la SACM, entre cuyos miembros fundadores se encontraban figuras como Agustín Lara, Francisco Gabilondo Soler y Consuelo Velázquez, “Ahí, humildemente”.
Desde su fundación y por la noble labor de la SACM de dignificar a los compositores dentro de la industria, la fecha se convirtió en un día simbólico para recordar la importancia del trabajo de los quienes escriben la música, es por ello que cada año se celebra a los creadores de universos sonoros, además de conmemorar su creación, ¿interesante e inesperado, cierto?
Para no alargarme y concluir esta entrega, los invito a escuchar, disfrutar y respetar el trabajo de quienes nos dedicamos a esta bella labor, son horas de dedicación, esfuerzo y mucho amor a lo que hacemos, para ustedes y por nosotros mismos, porque es la clave que se encuentra detrás de las emociones que despierta una canción que va directo al corazón.
“La música es una revelación mayor que toda la sabiduría y la filosofía”.
-Ludwig van Beethoven
Mario Eduardo Villalobos Orozco
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Doctorante en Finanzas por el CESCIJUC, Maestro en Finanzas por la Universidad del Valle de México; es Licenciado en Derecho y Licenciado en Economía, graduado con mención honorífica, por la Universidad Nacional Autónoma de México; además es músico egresado de la Escuela de Iniciación Artística de número 1 del Instituto Nacional de Bellas artes, autor del poemario Cartas a la Lluvia, y colaborador de la revista 13 de abril, desde abril de 2021.
Correo: mevo_vook@hotmail.com FB: Edward Wolvesville




