Desde el Bravo hasta el Jordán: Birzeit el Tepeyac palestino

Por improbable y surrealista que pudiera parecer, en Palestina existe una parroquia consagrada a la guadalupana, la virgen morena.

Así como lo lee, la Virgen María en su advocación de Guadalupe cuenta con una sucursal del Tepeyac en tierras palestinas, ahí donde el fabuloso compendio de libros dice que caminó Jesús; aquel judío rebelde que hablaba de misericordia a los poderosos y de generosidad a los avaros.

La parroquia se encuentra en Birzeit, una de tantas ciudades palestinas ocupadas por el sionismo israelí. Conocida como Iglesia de la Inmaculada Concepción o de la Paz-Guadalupe, durante la Nakba (el éxodo palestino de 1948 que generó casi un millón de desplazados por la guerra árabe-israelí), sirvió de refugio para cristianos y musulmanes.

La zona donde se ubica es parte de la histórica región cristiana del norte de Jerusalén y guarda testimonio de sociedades prehistóricas, romanas, otomanas y bizantinas: de hecho, la parroquia actual fue construida entre 1955 y 1975 sobre los cimientos de una antigua iglesia bizantina; sin embargo, en 1967 tuvo una interrupción derivada de conflictos bélicos y falta de presupuesto, aunque es precisamente gracias a ello, que la Virgen del Tepeyac entra en escena.

Su párroco de origen italiano Antonio Buzo, se dio a la tarea de ampliar y mejorar la iglesia haciendo labor de convencimiento entre la población comenzando los trabajos en 1955: sin embargo, para 1967 estalló la llamada guerra de los seis días que provocó desplazamientos demográficos y mayor pobreza, por lo que el religioso usó el dinero recaudado para ayudar a la población a costa de suspender el proyecto.

Ante dicho escenario, Buzo acudió a un connacional residente en el país mediterráneo, el Padre Pío, quien al escuchar su petición se limitó a responder: “sirve al patriarca y Dios proveerá”. Dos meses después de aquel encuentro llegó a Birzeit el Monseñor mexiquense Gregorio Aguilar, entonces Abad de la Basílica de Guadalupe. Luego de entrevistarse con el párroco local, le dijo que daría el financiamiento para continuar el proyecto bajo condición de que la futura iglesia fuera consagrada a la Virgen de Guadalupe: y así ocurrió, se continuó la construcción del recinto erigiéndose en su honor.

Quien así lo disponga podrá creer y asociar dicho evento como un acto milagroso cuyo origen emana de la voluntad de un Dios proveedor como lo señaló el Padre Pío. Por mi parte, considero que se trata de un acto de intervención absolutamente humana, donde importantes personajes de la estructura católica cumplieron su papel: por un lado, el Padre Pío muy probablemente fungió como vínculo entre Buzo y Aguilar, ya que este último era conocido por su fervorosa difusión del culto guadalupano: en ese sentido, Birzeit debió significarle una buena oportunidad para su causa religiosa, pues se convertiría en una más de las numerosas iglesias que el Monseñor mexicano fundó en honor a la Virgen de Guadalupe en el país y el mundo.

En el altar de la Parroquia de la Paz-Guadalupe que forma parte del Patrimonio Latino de Jerusalén, se encuentra una imagen de dicha virgen elaborada con mosaicos: a sus pies, la de Iglesia del Tepeyac donde originalmente se encontraba la mítica tilma del hoy Santo Juan Diego; equidistante a ella, la de la versión final de la Parroquia erigida en Birzeit.

Al margen de toda convicción religiosa es innegable la asociación de la Virgen de Guadalupe con la cultura mexicana (o con la idea que se ha formado de ella). Su Basílica recibe al año el mismo o mayor número de visitantes que la dedicada a su correligionario San Pedro en Roma (entre 18 y 20 millones de personas).

Curiosamente, la virgen predilecta de los novohispanos del último tramo del Virreinato podría constituir un vínculo entre dos pueblos separados por decenas de miles de kilómetros, que encuentran pocas, aunque sustanciales, coincidencias. Por ejemplo, un vecino incómodo siempre al asecho –silenciosa o sínicamente- de su territorio, una historia de resistencia a las ambiciones externas, la amputación de grandes porciones de su patria, el estigma del terrorismo como pretexto para la intervención y los idílicos anhelos de paz.

No sólo el mexicano y el palestino, sino todos los pueblos del sur global enfrentan serias amenazas derivadas de un modelo que hoy más que nunca está en crisis; pero también, hoy como antes habrán de resurgir, porque desde el Bravo hasta el Jordán nuestros pueblos vencerán.

Víctor Hugo Martínez Barrera

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Se formó como abogado en la Facultad de Derecho de la UNAM y, como historiador, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Sus líneas de trabajo son el Derecho Constitucional, los derechos de los pueblos indígenas y el período posclásico mesoamericano.

Fuentes:

https://axapusco.edomex.gob.mx/personajes-ilustres

https://lpj.org/es/the-patriarchate/diocese/parishes/palestine/birzeit-parish-immaculate-conception-church

https://www.youtube.com/watch?v=iy62-ddUmsQ&t=1948s

https://www.expreso.com.mx/noticias/mexico/basilica-supera-al-vaticano-en-numero-de-visitantes-al-ano/244283

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