¿Y si la experiencia sensorial es mayoritariamente impuesta?

La humanidad entera nos dejamos dominar por las pasiones y los deseos que, desde el mundo externo, influyen en nosotros a partir de anhelos, por momentos normales y también por momentos desbordantes y descontrolados, sobre aspectos de la realidad que nos interesan y nos generan un apego constante.

Y es que ese mundo al cual le rendimos mucha pleitesía en el actuar cotidiano de nuestras acciones está lleno de tentaciones que nos despiertan múltiples intereses en torno a diferentes naturalezas, con singulares peculiaridades y con matices en la manera en la que la humanidad entera se entrega a ellas.

Salir a la calle se ha convertido desde siempre en una oportunidad maestra de hacer un clic vinculante con un eslabón del interminable e infinito abanico de experiencias y de circunstancias fenomenológicas que llaman la atención de nuestra conciencia a nivel de consumo y a nivel de colorido y a nivel de faramalla y a nivel de acciones y a nivel de un montón de circunstancias en los cuales se desenvuelve nuestra interacción.

Sin embargo, también es preciso mencionar que muchos de los cuestionamientos críticos hacia nuestra interacción con el mundo externo, plantean desde un escenario sistémico, la posibilidad de que, desde el fetiche y la cosificación de la experiencia externa, el mercado influye de manera determinante en la imposición de todo ese crisol de oportunidades de interacción con el mundo exterior.

¿Hasta donde el amor por una tentación externa se da desde la chispa genuina e íntima del corazón de cada persona y hasta donde también el mercado influye para reivindicar ese apego?

El vasto colorido de alcance que el mercado hace, prácticamente de todos los rincones de desenvolvimiento humano, vuelve imposible el desvincular el hecho de que cada una de las pasiones humanas está influida en mayor o en menor medida por el rasgo económico en general.

Hay visiones críticas que son más profundas, como algunas tesis en Marx, que hablan de que incluso el desarrollo de estas tentaciones desde el mercado funciona como alimento espiritual necesario para que las masas obreras sigan optimizando sus rendimientos en el aparato productivo y no desfallezcan ante la monotonía del trabajo.

¿Qué tal si existe una estructura dominante que nos pone ese gran abanico de oportunidades de apego por el mundo externo para evitar nuestra organización?

¿Más allá de la retórica estadística y supuestamente objetiva y más allá del juicio materialista de las tesis marxistas mas consistentes sobre el fetichismo, cuál es la verdadera dimensión del mercado en su influencia hacia lo humano? ¿Hasta dónde es posible conocerlo?

¿Será que verdaderamente estamos condicionados a una superestructura dominante que se mete en el rincón más inhóspito de nuestra voluntad y nuestra intimidad?

Que estas preguntas al aire sirvan para sopesar la contención de la tristeza perenne, porque quizás quede como consuelo moral único los sentimientos de un halo rebelde que funcionan como un manto protector ante el acecho dominante que se mete por todos lados como el agua del océano hundiendo un barco en medio de una tempestad agónica.

Víctor Manuel Del Real Muñoz

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