El arte oscuro, cuando lo siniestro se apodera de la estética

Octubre es un mes rodeado de misticismo, de leyendas y tradiciones que forman una parte esencial del imaginario colectivo, en el que no solo la luz encuentra lugar, sino todo aquello que permanece oculto en las sombras, como nuestros miedos, lo lúgubre y lo macabro, porque así es la dualidad de la existencia que se complementa con la muerte. De tal manera, no es de extrañarnos que lo más sombrío, inquietante e incluso perturbador también sea una manifestación pura del arte. Por tanto, así como he escrito sobre obras y corrientes que exaltan la pureza y la divinidad, en esta ocasión aprovecho las fechas para dedicar algunas líneas a una vertiente exquisita y misteriosa, que es el arte oscuro.

El objetivo del arte oscuro no debe confundirse con el de una película de terror, en la que se busca directamente generar una sensación de sorpresa y susto en los espectadores, ya que va más allá de un simple sobresalto. En mi forma de entenderlo, esta vertiente construye un puente que conecta con lo más profundo de la consciencia, en la que habita lo que por naturaleza evitamos, como el dolor, la tristeza, la muerte, e incluso trastornos que se mantienen en silencio, con la finalidad de encontrar estética en lo desagradable, como una forma de mostrarlo en el albor de lo filosófico, lo existencial y lo inquietante, para darle voz a lo que se calla, un rostro, o una salida para aligerar la mente.

Como habitualmente sucede con otras vertientes, esta hace un uso muy marcado de simbolismos que le dan su propia identidad y que me parecen hermosamente contrastantes, por ejemplo, con los del arte islámico, en el que la naturaleza perpetua e inmutable de Alá, el amor, los jardines, el vino y el ensueño son protagonistas; en su lugar, la temática de las obras del arte oscuro se torna a la decadencia, las pesadillas, el tiempo, la muerte (calaveras, fantasmas, etc.), la soledad y la desintegración o abstracción de la realidad, e incluso hacia el rostro más vil de lo (in)humano, como un ser frágil y cruel.

No se trata de algo nuevo, en realidad esta oscuridad es inherente a las personas y ha acompañado a cada cultura desde épocas remotas, aunque con distintos matices y significados, por ejemplo, el culto a la muerte presente en las ceremonias religiosas y el arte de los antiguos egipcios, griegos y mexicas.

A pesar de que en siglos posteriores la dominación religiosa marcó el canon de lo que es bueno, en esta ambivalencia o dualidad, también se inculcó y difundió el concepto de lo malo, lo perverso y desviado, como el Juicio Final o el mismísimo infierno, que han dado pauta a un sinfín de obras en cada rama artística.

El arte oscuro ha transitado entre el pensamiento religioso, la decadencia del cuerpo, así como aspectos psicológicos y filosóficos; sin embargo, el eje común es mostrar la angustia y el terror que lentamente nos carcomen. Si bien cada artista lo manifiesta en un contexto diferente, desde apariciones fantásticas hasta la expresión casi explícita de la muerte en un cadáver, la sensación desoladora e inquietante que producen es la misma.

Cada una de las ramas del arte tiene sus propios autores oscuros, e incluso llamados “malditos”, como se conoce a algunos poetas como Baudelaire, Verlaine, Rimbaud y Mallarmé, quienes exploraron, entre otros temas, la autodestrucción y la decadencia.

En la literatura, hay personajes celebérrimos y conocidos en todo el mundo, como Horace Walpole, padre de la literatura de terror gótico, Ann Radcliff, Mary Shelley, con Frankenstein y, por su puesto Bram Stoker, con Drácula. En otra vertiente se encuentran los gigantes EdgarAllan Poe y H.P. Lovecraft, este último más enfocado a la ficción y el horror que en aspectos psicológicos.

Respecto de la escultura, hay artistas cuyas obras tienen ese toque lóbrego y fantasmagórico que crispan los nervios, por ejemplo, el trabajo de la australiana Patricia Piccinini, especializada en el hiperrealismo, expresado en figuras antropomórficas que pueden llegar a ser realmente perturbadoras.

La pintura también es un campo fértil para el arte oscuro, con nombres como Goya, con la icónica obra Saturno devorando a su hijo, o Fuseli, con La pesadilla. Más reciente, en el siglo XX, destacan artistas como Munch y su famoso cuadro El grito, Dalí y su inquietante surrealismo, y finalmente, como mención más que honorífica, me gustaría hablar de Zdzisław Beksiński, cuyo trabajo me parece increíble, profundo y desolador.

De acuerdo con diversas fuentes disponibles en internet, Beksiński fue un arquitecto, pintor, fotógrafo y escultor polaco, cuyo trabajo se desarrolló en las corrientes del realismo fantástico, el surrealismo distópico y el neobarroco. No obstante, en su obra se aprecia una peculiaridad que le da su distintivo, y es que retrataba pesadillas, muerte y destrucción, con un detalle impresionante e inspiración poco convencional, como grabar a su madre muerta (así como lo leen), o la devastación humana ocasionada por las atrocidades cometidas en las dos guerras mundiales, sobre todo la segunda, ya que la vivió en carne propia durante la ocupación nazi de su país. Su estilo es una manifestación absolutamente tenebrosa y cruda que invocan las monstruosidades que habitan en el subconsciente y, peor aún, las que nos rodean en la realidad. Definitivamente es un artista alucinante cuya obra es una auténtica locura, misma que estoy seguro de que les resultará fascinante.

Por último, quiero destacar que el arte oscuro es una vertiente muy interesante que da para explorar una infinidad de emociones intensas y diferentes a las que habitualmente causa una obra artística; sin embargo, la penumbra que lo rodea no lo hace menos bello, pues incluso en lo siniestro florece la estética.

Los monstruos más temibles son los que se esconden en nuestras almas”

-Edgar Allan Poe

Mario Eduardo Villalobos Orozco

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Doctorante en Finanzas por el CESCIJUC, Maestro en Finanzas por la Universidad del Valle de México; es Licenciado en Derecho y Licenciado en Economía, graduado con mención honorífica, por la Universidad Nacional Autónoma de México; además es músico egresado de la Escuela de Iniciación Artística de número 1 del Instituto Nacional de Bellas artes, autor del poemario Cartas a la Lluvia, y colaborador de la revista 13 de abril, desde abril de 2021.

Correo: mevo_vook@hotmail.com             FB: Edward Wolvesville

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