La vida me ha enseñado que, hay muchas cosas que son cíclicas; al menos, de manera personal así suele pasar. A veces, la salud entra en esto; también, personas que no ves en mucho tiempo y te las vuelves a encontrar, las rachas económicas buenas y malas y, muchas cosas más. Incluso, en la vida musical, y esto es más común de lo que parece.
A veces, uno acaba destruido, de repente, después de tocar. Terminas acostado en algún estudio de grabación; a veces, en un antro hasta que cierran; otras, cenando tacos al lado de algún table dance o incluso en alguna casa desconocida y, otras tantas, viajando de regreso a algún otro lugar para seguir dándole a las tocadas.
Justo en esos momentos donde ya todo pasó, te ves al espejo: ves los estragos de la noche anterior y del concierto que diste dejando parte de tu ser, de tu energía en la interpretación de esas notas, el trabajo de horas y horas de ensayo, que concluye reflejado ahí. Tu ser queda extasiado y satisfecho la mayor parte de las veces, pero a su vez, deja un semblante imperceptible, muchas veces de agotamiento, de llegar a culminar ese momento con una destrucción de si mismo, donde te deshiciste de tu persona, de los ensayos, de la energía acumulada, tanto por adrenalina, hasta por todos los nutrientes básicos biológicos de tu cuerpo, justo para llegar a ese momento.
Y ahí, cuando estas afuera de todo, observas medio parado, a personas comiendo alcoholizadas y caminando tambaleantes; y si no, estas acostado viendo a un techo desconocido con el que reflexionas sobre lo que acaba de pasar hace una hora o más. La satisfacción de hacer lo que te gusta es más grande que todo ese agotamiento, el haber quedado desnudo en su totalidad, es lo que te hace sentir vivo, respirando de nuevo y sintiendo como si volvieras a nacer con cada concierto. Aquí, es donde de nuevo aparece la construcción de uno mismo, porque despiertas al otro día sin nada, dejaste todo lo que tenias la noche anterior, eres una persona diferente, que de nuevo tiene que retomar lo que traes
Camino a casa, sientes tus ropas desgarradas, el sudor acumulado entre olores, a tabaco, alcohol, hierba, perfumes y, a veces, a lápiz labial de quienes te saludaron de beso; e incluso, esas sensaciones de arrumacos silenciosos que llegaron a darte discretamente.
La gente en el transporte te mira. Imagino sus pensamientos atrás de mis gafas obscuras, casi puedo escucharlos, mientras ellos viajan a ver a algún familiar, a divertirse o, incluso, a trabajar en esos fines de semana. Podría decir que te observan con curiosidad, pensando en que tu noche estuvo intensa, que seguro los excesos te sobrepasaron, que eres la representación de la vida loca; quizás, a veces piensan en que no eres el ejemplo a seguir en la sociedad; o incluso, la curiosidad de saber como vives y que hiciste la noche anterior. Estos pensamientos me llegan solo de forma fugaz, mientras siento sus miradas tratando de adivinar que pasara por mi cabeza.
Llego a casa al fin, medio mojado por la lluvia que comenzaba a caer y, con menos ropa con la que me fui, porque un fan insistió que le regalara la playera con la que estuve en escenario. Incluso, con unas 8 plumillas menos, que también me pidieron; sin batería en el teléfono, casi sin voz y la garganta irritada. La casa está llena de algo que de repente es necesario, el silencio, bendito silencio.
La guitarra sucia, llena de sudor y de huellas; los cables pisoteados y llenos de tierra regresan al estudio, para una reconstrucción y quedar listos para una siguiente presentación. Entre todos los instrumentos veo mi guitarra roja, esa que lleva años acompañándome también, y me trae un viejo recuerdo.
Salía yo de ensayar en el año de 1996. En ese entonces, nos reuníamos con la banda en Lomas Verdes, Naucalpan. Ese día, justamente terminamos como a las 3 de la tarde; recuerdo que era un viernes, y como nos vimos temprano, aproveché al finalizar, para limpiar la guitarra, dejarla reluciente y brillante para la siguiente presentación que seria en el CCH Azcapotzalco. Una vez limpia y en el estuche rígido, la guardé cuidadosamente y me fui al transporte público que me llevaría a casa de mis abuelos, cerca de Lomas de Sotelo. Como siempre, iba con mi vestimenta típica de rockero: botas, jeans rotos, una playera de algodón y una chamarra. Estaba pensando en todo y nada, disfrutando de la travesía sobre periférico, cuando algo inesperado sucedió, como suele pasar en esta ciudad y que parece que nunca acabará.
El chofer del transporte hace una parada y se suben dos sujetos, con el clásico monólogo que tantas veces hemos escuchado y que muchas personas hemos vivido, desafortunadamente.
- A ver mi gente, ya se la saben, saquen lo que traigan y esto se acabará rápido. El dinero, relojes y todo lo que traigan.
Para mi mala o buena fortuna, el transporte venía casi vacío, y yo, me había sentado hasta atrás del microbús. Pensé en esos momentos, ¿que traía para darle a estas lacras?, y cuál fue mi sorpresa que, al revisar mis bolsillos, solo traía unos cuantos pesos, 2 cigarros, llaves, encendedor ¡y ya! Me había salido sin nada más que lo básico y mi guitarra.
Vi cómo iban quitándole a cada uno de los 4 o 5pasajeros lo que traían, hasta que al final, uno de ellos de acerco a mí.
- ¡Saca lo que traes!
Extendí mi mano dándole los pesos mencionados y me pidió la cartera, cosa que le enseñé y, vio que no traía ni billetes ni tarjetas. Entonces, vio el estuche y preguntó:
- ¿Qué traes ahí?
Mi mente sarcástica pensó en contestar ¡ADENTRO DEL ESTUCHE DE GUITARRA TRAIGO UN ELEFANTE!, pero afortunadamente, mi raciocinio llego primero a la boca y contesté:
- Una guitarra
A lo cual, el respondió
- Ábrelo
Fue un momento de película de fantasía, de esos momentos mágicos en que, si hubiera sido una comedia, el público estallaría en carcajada, claro que ahora lo veo risible, pero en ese momento parecía una ironía de la vida.
Al momento de abrir el estuche, parecía que el universo, la ciudad, las nubes, el sol, y todo se conjugara. Abrí el estuche y los rayos del sol cayeron directamente sobre ese rojo brillante que, casi podría jurar, deslumbró al asaltante. Se veía más que impecable, limpia y hermosa, como quizás nunca en la vida se había visto, ni siquiera de nueva.
- ¡Esta bonita! ¿Y cómo cuánto vale?
Sentí un vacío en el pecho y un temblor en las manos. No sé si por la pregunta o por el impulso de irme a los golpes; pero, de nuevo mi agilidad mental y mi improvisación, le ganaron a todo y respondí:
- La verdad no sé, no es mía. Me pagaron para ir a dejarla ahorita y es parte de mi chamba este fin de semana. No te la lleves que me la van a cobrar a mí y al rato voy a andar igual que tú (eso último no lo dije, pero si lo pensé)
- Te la voy a perdonar esta vez. A ver, saca los cigarros.
Le di los únicos 2 cigarros que traía y, creo que me vio con lástima, pensando ESTE WEY ESTA MAS JODIDO QUE YO.
Se bajaron en la siguiente parada y no pasó a mayores. Pensé después, que el asaltante analizó la situación y, salir corriendo con un estuche rígido, era mucho problema; o quizás, no quería estar revendiendo cosas y mejor puro efectivo.
Llegué a casa de mis abuelos sin decir palabra alguna, solo agradecido que no paso nada y, sí, que no me quitaron mi guitarra. En esos momentos, así como ahora pienso, hay instantes que te destruyen y después te vuelven a construir, pienso como esa vez también renací. No sé que hubiera pasado si me la quitaban; quizás hubiera dejado de tocar por un tiempo o quizás no, pero fue un momento de volverme a construir y aprender de esta experiencia terrible.
Ahorita, después de llegar una vez más, destruido, después de tocar, veo mi guitarra roja y recuerdo que hay que construirse de nuevo. En esos momentos, siempre ayuda el tomar el teléfono y ver el apoyo de tus personas cercanas que están apoyándote cada día, de familia y amigos, y por supuesto también esos mensajes románticos que llegan cruzando océanos.
Destrucción y Construcción constantes.
Josh Nébula
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Mexicano de nacimiento, musico profesional con más de 30 años de carrera, con estudios en el INBAL, Conaculta y Fonoteca Nacional. Principalmente involucrado en el rock original con varios discos grabados, también ha hecho participaciones en música par teatro, comerciales, cortometrajes y educación musical infantil. Cuenta, además, con estudios a nivel amateur en cine, tanto particulares como en el CENART. Apasionado cinéfilo y fanático de la gastronomía
Twitter @joshnebula www.facbook.com/joshnebula




