No imaginas mi descenso a mis infiernos
veinte días perdido en un sueño bruno
a tientas con el corazón ardiendo
mano a mano con mi soledad
palmo a palmo con tu nombre
con las brasas incandescentes
de la felicidad del ayer
con tu sangre derramada
en mis manos asesinas…
No, no lo imaginas
atormentarte de ti mismo
embriagarte de ti mismo
apuñalarte una y otra vez
en un pecho que sufre
pero no muere
recuerda aturdido
pero no cede.
No, no lo sabrás hasta que vayas
cuando desciendas en ti
inmolada en tus temores
consumida en punzante dolor
en el incensante susurro
de la locura que acecha
de la orfandad cartesiana
de la lanza de Hades
que desgarra tu carne…
No, necesitas mi sangre
en tus manos asesinas,
necesitas mi nombre
como única compañía
y clavarte la espada
en tu corazón palpitante
y observar derramada
cada gota de tu sangre.
Si sobrevives
serás libre
exponiendo
tu todo
sin temor
a la muerte
muerte humana
pero nunca celeste,
o acaso dime
como Dios ¿quién?
Así es,
locos
en un mundo
de locos
ceder
perder
dos
uno
nosotros.
De verdad te lo digo:
¡No imaginas mi descenso a mis infiernos!
Rodeado de palabras con espinas
que salieron de tu boca algún mal día
o son tal vez mi febril invento
perdido en la polisemia
en futuros de muerte
y pasados en cenizas
en días olvidados
y miradas consumidas…
¡Intenta!
¡Desciende!
Observa
tu rostro
en el Aqueronte
siente
tu miedo
poseerte
o acaso dime
como Dios ¿quién?
Recuerda
Siempre locos
ceder
perder
dos
uno
¡nosotros!
Mauricio Del Real Navarro
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Zacatecas, Zacatecas, 1982. Doctor en Ciencias Sociales por el Colegio de México. Amante del estudio de los fenómenos sociales y su inclusión en el mundo literario. Poeta aficionado.




